



Para comprender la cosmovisión vernácula de los antiguos canarios, necesariamente tenemos que adentrarnos en la trastienda del tiempo, en la propia noción de tiempo, cómo o de qué modo lo estructuraron y lo abordaron; esto es, cómo lo percibían en relación con la cualidad de la acción, pues los hechos concretaban una manera particular de ver la realidad. Entre lo real y lo irreal había una delgada línea que era traspasada constantemente.
No cabe duda de que el tiempo, entre los naturales canarios, formaba parte de una continuidad producida por el movimiento que manifestaban los astros en sincronía con el espacio presente eterno y cíclico, pues tanto el pasado como el futuro solo están en nuestro pensamiento y no existían en su conceptualización. El tiempo procede del cielo.
A partir de aquí, las celebraciones festivas eran los momentos de compartir, de integrar a la sociedad con el territorio y con el tiempo cíclico, y relacionarse con sus dioses, espíritus y antepasados. Estaban vinculadas a contextos religiosos.
Los festejos no se pueden desviar del contexto religioso, puesto que, con cada celebración, se reactualiza el acontecimiento sagrado. Un dato para situarnos ante la cuestión festiva: los antiguos calendarios reunían el doble (o más) de celebraciones y festividades alegóricas, cívicas y religiosas que en la actualidad. Por ejemplo, los antiguos egipcios tenían un promedio de 105 festivos al año; en la Atenas del siglo V a. C. los días festivos rondaban los 120 por año; en Roma hubo hasta 180 días. Para los antiguos canarios, las cifras podrían rondar los 100 días al año y, en la Edad Media cristiana, el número de días festivos igualaba casi al de la Atenas de Pericles.
Siguiendo a Mircea Eliade, el calendario sagrado recoge anualmente las mismas fiestas, la conmemoración de los mismos acontecimientos míticos. Propiamente hablando, el calendario sagrado se presenta como el «eterno retorno» de un número limitado de gestos divinos. Por todas partes, el calendario de las fiestas constituye un retorno periódico de las mismas situaciones primordiales y, por consiguiente, la reactualización del tiempo sagrado.
El punto de partida son los hechos, lo que es, lo que podemos distinguir y matizar como terminus ad quem; una realidad específica y dominante con un principio y un final, siendo el sol el vertebrador de una realidad física determinante con sus posiciones sobre el horizonte. Su disposición establece la realidad cósmica mediante la multiplicidad de procesos temporales durante el transcurso del año solar.
La experiencia adquirida nos confirma la tempusfanía (la manifestación cíclica del tiempo sagrado) con, al menos, siete franjas temporales litúrgicas y festivas en Canarias. Su durabilidad depende del movimiento del sol. Así, en los solsticios, el sol se detiene y se mantiene (frente al ojo humano) por más de 15 días en el mismo lugar; mientras, en los equinoccios, se desplaza muy rápido.
El solsticio («sol quieto») de los antiguos canarios no era un día concreto como hoy establecemos con la llegada del invierno entorno al 21 de diciembre o verano, el 21 de junio. Es muy difícil calcular el día exacto del solsticio, puesto que el Sol se encuentra prácticamente en la misma posición durante casi medio mes. El problema queda resuelto cuando una estrella o una constelación relevante en su cosmovisión les indicaba, con absoluta precisión, el o los días exactos de estos eventos astronómicos.
Los antiguos canarios reconocían, con absoluta precisión, cuándo llegaban los solsticios y equinoccios por la aparición de sus cuatro pilares estelares, instaurando de este modo una tempusfanía y un orden cósmico y terrenal (relación de causa-efecto entre acontecimientos) poniendo el énfasis sobre la práctica, alcanzando la base de su estructura social, estrategias económicas y, cómo no, de las creencias que le dan sentido y significado.
El solsticio de verano lo establece el orto heliaco –al amanecer– de la constelación de Orión, en torno al 22 de junio, después de estar oculta unos 40 días. Inaugura la temporada estival calurosa y seca. El cristianismo lo conmemora con la festividad de San Juan.
Cada vez que llegaban estos momentos mayores, los canarios realizaban festejos que duraban 9 días como bien recogen Gómez ([s. XV], 2009): «Los días maiores de el año, quando hacian grandes fiestas (…) i veianlos a la madrugada el día de el maior apartamento de el Sol en el signo de Cáncer, que a nosotros corresponde el día de San Juan Bautista». Este dato lo confirma Marín de Cubas ([1687], 1986) cuando ratifica que «contaban su año llamado Acano por las lunaciones de veinte y nueve soles desde el día que aparecía nueva, empezaban por el estío cuando el Sol entra en Cáncer, veinte y uno de Junio en adelante la primera conjunción, y por nueve días continuos hacían grandes bailes y convites, y casamientos, habiendo cogido sus sementeras».
Por otro lado, «los equinoccios indígenas» se señalaron con mayor precisión al variar bastante, sobre el horizonte, la posición solar de un día para otro. Los intermedios simbólicos aproximados eran definidos por las apariciones sobre el horizonte de varias estrellas muy significativas: Fomalhaut, sobre el 17-18 de marzo (equinoccio de primavera), después de estar oculta más de dos meses y la alineación de las dos estrellas más grandes, Sirio y Canopo, que solo se produce una vez al año, hacia el 25 de septiembre (equinoccio de otoño).
Otras celebraciones estaban determinadas por los ortos helíaco y vespertino de la estrella Chaxiraxi o Guayarmina (Canopo); son el Beñesmer y el día de Chaxiraxi (Candelaria).
El Beñesmer es una de las celebraciones más destacadas, oficiada a mediados de agosto en todas las islas del Archipiélago, coincidiendo con el orto de la estrella Canopo antes del amanecer del 15 de agosto. Los cronistas Alonso de Espinosa, Abreu Galindo y Leonardo Torriani especifican que el Beñesmer se celebraba en agosto, se realizaban fiestas y se vinculaba a la recogida de los frutos de la tierra. A mediados de agosto se producía la esperada renovación: la despedida de una temporada y la celebración de un nuevo ciclo estelar, centrado en la aparición de la estrella madre Canopo, después de cuatro meses oculta; eso sí, vinculado a los frutos de la tierra y a la fertilidad de los animales, celebrado como uno de los principales festejos entre los antiguos canarios.
El orto helíaco de la estrella Canopo en Canarias representaba el retorno de la protección maternal, anunciaba que las deseadas lluvias estaban en camino e implantaba la apertura del calendario que regulaba las actividades agrícolas. En esta fecha se iniciaba el Beñesmer, el reencuentro con la madre que se manifiesta por primera vez en el horizonte celeste. Este acontecimiento les proporcionaba la seguridad del mundo sobrenatural ante la llegada de la próxima estación de lluvias y la renovación de la fertilización.
El Día de Chaxiraxi (la Candelaria) no fue una celebración espontánea católica en Tenerife y, por extensión, en el resto del Archipiélago. Testimonio de ello son algunos fragmentos de textos coetáneos y posteriores a la conquista de Canarias, donde se considera la gran veneración que los guanches tenían a la madre que vino del cielo, cuya versión vernácula se remonta a la «Madre del sol»; esto es, a la estrella Canopo o Chaxiraxi. «La qual devoción ha quedado i está viva el día de hoi en todos los Naturales, a quien los Españoles llaman «Guanchas», i la adoran tanto como al mesmo Dios, haciéndole cada año, el día de la Candelaria, gran fiesta, en la qual cantan i vailan i hacen otras muchas cosas de mui gran regocijo i fiesta» (González de Mendoza (1946 [1585]: 95 en Cabrera, Ídem, 2016). El fraile franciscano Martín Ignacio de Loyola (155#-1606), pasó por las islas hacia 1580 y estuvo en la fiesta de La Candelaria, confirmando que los guanches la llamaban la madre del sol (Barrios García, 2019: 192).
Bibliografía
– BARRIOS GARCÍA, J. (2019): “Los sistemas astrolátricos de Tenerife, La Gomera y Gran Canaria en los siglos XIV-XV”. Bierehite, n.º 2, pp. 175-218
– MARTÍN GONZÁLEZ, M. A. (2022): Cosmovisión awara. Bilenio
– MARTÍN GONZÁLEZ, M. A. (2024): Antiguos canarios. La memoria de lo sagrado. Bilenio
– MARTÍN GONZÁLEZ, M. A. (2025): Sincretismo religioso en Canarias. Chaxiraxi. Bilenio
Miguel A. Martín González
(historiador y profesor)
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