cerrar
cerrar
Registrarse
Publicidad
Opinión
Publicidad
Francisco Rodríguez Pulido

Algo va mal en La Palma

  • Los comportamientos caciquiles se engordan con la crisis

Decía Javier Marías en su columna de El País el pasado 1 de mayo, con relación a la vida política en muchos ayuntamientos de España que el tradicional caciquismo español ha vuelto con toda su potencia, si es que alguna vez se fue, y aún ha salido reforzado. Añadía Javier Marías que las tramas de intereses, las corruptelas, el clientelismo de cada población poseen ya tal vigor que resulta muy difícil desalojar del poder a quienes llevan años controlándolo, colocando a gente, haciendo y recibiendo favores.

Estos comentarios no nos resultan extraños, pues vivimos en La Palma esa realidad, donde el alcalde de turno o algunos de sus concejales se han dignificado por colocar a un amigo, un cuñado, hasta el hijo, la madre o el yerno, y, por supuesto, aquellos que se proclaman afín y fiel a su régimen. Es un hecho que he podido constar durante la campaña y que he escuchado del testimonio de muchas personas. Es inútil relatar aquí con nombres y apellidos hechos que deberían estar en los juzgados, pero lamentablemente, esta democracia no cuenta con los recursos suficientes para paralizar este tipo de prácticas.

Algo va mal, cuando los alcaldes de turno se aferran a su cargo, cuando todos repiten un mandado año tras otro aquí, en La Palma. Y cuando se acerca una cita electoral transmiten el miedo y la alarma de que sin ellos, el mundo, la Isla se desmoronará. Por ello, no extraña tampoco que veamos prácticas tan corruptas como ver en el censo a demasiadas personas en un mismo domicilio, o cuando ejercen el voto por correo ancianos que ya carecen de razón, o son llevados a las urnas, con los votos y las consignas bien claras.

Algo va mal, cuando elección tras elección se sigue deteriorando nuestra débil democracia. Algo va mal, cuando Toni Judt, el pensador británico que luchó contra la muerte hasta hace apenas un año nos decía que no podemos seguir viviendo así. Porque este tipo de prácticas, estos compartimientos caciquiles en La Palma se engordan con la crisis. Una crisis que nos enseña que en economía no existe democracia, y que en este estado de descrédito, la ciudadanía, harta y asqueada de la política, le da la espalda.

Algo va mal en La Palma, porque a lo largo de esta campaña electoral he podido ser testigo de mensajes llenos de resignación, desmovilización y desesperanza. Tópicos como que ésto no hay quien lo arregle, no merece la pena votar o son todos iguales. Una ciudadanía que asiste a un deterioro de lo público y de recortes en los servicios públicos no sabe qué hacer y, por ello, huye de la política. Sin embargo, como decía Toni Judt, hoy más que nunca se necesita de personas comprometidas con lo público que dignifiquen la política.

Algo va mal en La Palma. Nuestras producciones agrícolas locales, sobre todo el plátano, sobreviven gracias a una sobreprotección. Algo va mal cuando tenemos unos niveles de desempleo tan altos que ya lo eran hace cuatro años. La comercialización de nuestros productos no encuentra salidas. La actividad económica se estanca, con un PIB inferior a la media canaria, el turismo está sin norte, siendo la isla donde, siquiera subió el número de visitantes. La población, envejecida, con un bajo índice de inmigración y de retorno, porque no hay estímulos para el trabajo, la creación y el progreso.

Algo va mal y muy mal en La Palma, cuando las instituciones locales frenan proyectos que podrían aportar desarrollo y sostenibilidad a la Isla, y todo, porque no son proyectos de sus afines ni son controlados por sus intereses. Se frena el desarrollo de las energías renovables, se paralizan proyectos de industrialización agropecuaria (por ejemplo, las natillas del plátano). Sí, algo va mal, cuando entran en nuestra Islas ajos de China, higos de Turquia, papas de Israel o kiwis de Nueva Zelanda. Algo va mal cuando se siguen utilizando plaguicidas prohibidos y se da la espalda a la agricultura ecológica.

Algo va mal… en La Palma. Y lo peor es que, como dice también Toni Judt, sólo nos queda la política. Votar es todo lo que tenemos y mucho más, una ciudadanía que algún día despertará. Porque encontraremos el medio de convertir una opinión pública resignada en indignada, culta y exigente. Porque podremos convertir una opinión pública concienciada en acción colectiva. Necesitamos leyes nuevas, sistemas fiscales justos y sistemas electorales distintos. No nos resignamos a que algún día nos escuchen y respondan de sus actos y de todo el daño que le han hecho a nuestra tierra, La Palma. Pero para ello, empieza por elegir en libertad tu voto, el próximo 22 de mayo pero no a ellos.

Francisco Rodríguez Pulido, candidato de Nueva Canarias al Parlamento

 

Archivado en:

Publicidad
Comentarios (0)
Publicidad

Últimas noticias

Publicidad

Lo último en blogs

Publicidad