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¿Hay terremoto o estoy soñando?

Estaba sentado tomando un café en la plaza de los laureles y la mesa se iba invadiendo de esa arenilla traicionera que todavía esparce el volcán, porque aunque oficialmente está apagado sigue lanzando gases, cenizas, vapor de agua. Luego, mientras veo una película, creo que el sillón vibra, igual que anoche de madrugada creí que se movía la cama. ¿Son terremotos o son ensoñaciones que me recuerdan lo que hemos pasado con el maldito? Hay negra ceniza por todas partes, al pie de los árboles de las avenidas, en las aceras y en las cunetas de todas las vías. La sensación es de alivio, al fin paró la bestia, pero también aprecias depresión en gente conocida. Y hay personas enfadadas porque parece que algún ayuntamiento está reteniendo las ayudas, no las hace llegar a los necesitados porque la superburocracia tiene estas cosas, es paralizante y dañina. A estas alturas, pocas certezas existen. Eso sí: tres meses después paró el diablo y los días son soleados. Y ahora queda lo más difícil: cómo hacer la reconstrucción. La capacidad de resistencia ha sido digna de resaltar, pero habrá que cuidar la salud mental de la comunidad.

En Roma el solsticio de invierno traía las saturnalias y fiesta del Sol Invicto, que celebraron antiguas civilizaciones. Lo más probable es que Jesús naciera en primavera pero los papas aprovecharon el 25 de diciembre, que ya estaba consagrado en fiestas paganas muy apreciadas por el pueblo. En el extremo opuesto, ha sido duro observar que los crímenes dentro del hogar se han multiplicado precisamente en días de villancico y pandereta. Y, como si se tratara de una teatralización, la gente ha salido en masa a hacer sus compras y sus preparativos sin hacer mucho caso de la crisis.

Parece tonto que la UE haya emitido unas pautas en las cuales se señalaban las recomendaciones sobre el trato inclusivo que se debe dar a las minorías étnicas y religiosas en estas fechas. En ese escrito figuraba que el término Feliz Navidad no debe ser utilizado por respeto a las minorías étnicas y religiosas, con lo cual el saludo debería ser cambiado por “felices fiestas”. Asimismo, la nota de la U.E. sugería a los países miembros que, dentro de lo posible, no bauticen a niños con nombres que tengan referencias cristianas, como María, Jesús, José, Pedro, etcétera, aunque sí podremos usar Kevin Kostner, Odin, Hela, Marvel, Valkiria, Thanos, Falcon, Loki, etc. nombres del cine y las series que tanto nos enseñan. Episodios de mucha acción y efectos especiales, eso es pasarse de modernos.

Pero estas directrices hicieron sonar las alarmas. Algunos defendieron que los países de la U.E. son mayoritariamente cristianos y no puede ofender a las minorías el hecho de que las mayorías celebren sus conmemoraciones religiosas; si aquí se tolera el Ramadán, los musulmanes también han de respetar. El papa Francisco comentó: “Hablando de la Unión Europea, creo que debe tomar en sus manos los ideales de los padres fundadores, de la unidad y de la grandeza. Hay que estar atentos a no dar paso a las colonizaciones ideológicas. Esto podría llegar a dividir los países y afectar a la UE”.

 Produce alegría comprobar que ha comenzado la dura batalla contra las coladas, maquinaria pesada irá hurgando aquí y allá para que comience la reconstrucción tras el volcán sin nombre. Sí: hace falta que el 2022 nos traiga esperanza a raudales, alegría, optimismo, ganas de vivir frente a las veinte mil variantes de la pandemia.

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