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Bodegas Tendal, dispuesta a levantarse y resurgir de sus cenizas

“¿Como escribir estas líneas para todos ustedes sin que no te inunda la congoja ni el pesar? Es imposible”. Unas palabras de desconsuelo con la que Vinos Tendal describe la sensación que deja la tragedia de ver cómo el incendio forestal iniciado en Puntagorda, se lleva por delante años de lucha y amor por la viticultura, al arrasar las llamas Bodegas Tendal, ubicada en Bellido (Tijarafe)

“Informarles que en el pasado 15 de julio, nuestra bodega se despedía de nosotros entre las llamas ocasionadas por el incendio de La Palma. Tan sólo esperamos que no nos haya dado un adiós, sino sólo un hasta luego”.

No obstante, el espíritu de lucha y heroico, que sobresale en la viticultura de esta zona de la isla de La Palma, está presente también en sus palabras: “Decirles que nosotros lucharemos con fuerza porque así sea, la ayudaremos a que se levante y resurja entre las cenizas. Pronto conoceréis el segundo capítulo de la historia tan bonita que existe detrás de Bodegas Tendal”.

Y es que detrás de la Bodegas Tendal, hay una profunda historia de amor con la viticultura y con La Palma. Sus promotores, Nancy Castro Rodríguez y Constancio Ballesteros Magán, se conocieron realizando estudios de enología.

“En 1997, una vez casados y viviendo en un pueblito de La Mancha, trabajando en una bodega cooperativa, una de tantas que hay en la comarca. Después de unas vacaciones de Semana Santa en la isla de La Palma, vimos con claridad nuestro futuro partiendo de unas viñas de la familia en una de las zonas vitivinícolas de Tijarafe y Puntagorda, cultivo que no estaba muy desarrollado, por no ser rentable y ser difícil de cultivar. Debido a la orografía del terreno, en la zona no había bodegas embotelladoras y los cosecheros elaboraban sus uvas, en viejas pipas de tea o de virginia y viejos lagares”, narran  en su página web.

“Así pues, a comienzos del verano de 1997 decidimos dejar todo y comenzar una nueva aventura. Ese mismo verano empezamos a preparar la pequeña bodega que tenía la familia donde elaboraba sus uvas para el consumo propio y que estaba ubicada en unas cuevas excavadas en la montaña de Bellido. Por entonces, no hacía mucho tiempo que estaba funcionando la Denominación de Origen vinos de la Palma, de la cual nos acogimos en ese mismo año, comenzamos la vendimia el mes de octubre de ese mismo año y con escasos medios, tanto para la elaboración como para el embotellado, pusimos en el mercado la primera botella de vino. En el mes de marzo de siguiente año, comercializamos cuatro mil botellas de blanco, mezcla de Listan y Albillo, así como doce mil de tinto, Negramol y Prieto, con muy buena aceptación”.

“Siendo éstos, los principios a grandes rasgos de nuestra reciente historia, que fue de todo menos fácil. También fueron los comienzos del renacer de una comarca vinícola, donde hasta entonces, no era pensable que hoy día consiguiera convertirse en una comarca importante en la isla de La Palma y en toda Canarias, donde actualmente hay siete bodegas importantes amparadas con la Denominación de Origen La Palma y donde se ha recuperado y ampliado el viñedo en menos de diez años”.

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