
El Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane elige el cartel anunciador del Carnaval 2026, una obra del artista palmero Eliecer Hernández González titulada ‘La Guardiana del Carnaval Encantado’.
El jurado, integrado por varios profesionales del ámbito cultural y representantes municipales, selecciona esta propuesta por su originalidad, su fuerza visual y su capacidad para reflejar el carácter festivo y participativo del Carnaval llanense.
El autor, Eliecer Hernández González, explica que “La Guardiana del Carnaval Encantado cuenta la leyenda de una joven que aparece una vez al año cuando el Carnaval llena las calles de colores y música. Con su máscara de plumas y una varita estrellada, protege la magia que hace que cada disfraz cobre vida y que cada celebración tenga un toque especial”. El artista añade que la obra busca dar protagonismo a reinas, comparsas, batucadas y personajes del Carnaval a través de una figura central, con una estética sencilla y colores envejecidos que remiten al mundo de los cuentos.
El alcalde de Los Llanos de Aridane, Javier Llamas, señala que el Ayuntamiento “continúa trabajando para que el Carnaval siga siendo una cita que une al pueblo, que se vive en la calle y que invita a compartir, no solo entre vecinos y vecinas del municipio, sino también con personas de toda la isla”.
Por su parte, el concejal de Fiestas, Álvaro Pages, destaca que “este cartel conecta muy bien con la manera en la que se vive el Carnaval en Los Llanos, con imaginación, participación y muchas ganas de disfrutar”, y agradece la alta calidad de las propuestas presentadas.
Los actos de este periodo festivo comenzarán el próximo 30 de enero con la presentación oficial de las candidatas a Reina del Carnaval en sus tres categorías.
Desde el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane se felicita a Eliecer Hernández González por el trabajo realizado y se agradece la implicación de todas las personas que participaron en la convocatoria para el cartel del Carnaval 2026.
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Jongoro80
Simplemente es mi opinión:
La Devaluación del Cartel del Carnaval 2026 de Los Llanos de Aridane
La elección del cartel del Carnaval de Los Llanos de Aridane 2026 no es solo una anécdota estética desafortunada, sino un síntoma alarmante de la degradación institucional en la gestión de la cultura y la propiedad intelectual. Cuando un Ayuntamiento, que debería ser el principal defensor y promotor del talento local y regional, opta por validar una imagen que supura los errores más básicos de una generación algorítmica descuidada, está enviando un mensaje devastador a toda la comunidad creativa y artística de Los Llanos de Aridane, La Palma, Canarias y el mundo en general. El cartel anunciador de una de las festividades más emblemáticas de la isla de La Palma ha dejado de ser una pieza de comunicación visual estratégica para convertirse en un recordatorio de la pereza técnica y la falta de criterio profesional. Esta situación se agrava al observar cómo la administración pública parece ignorar deliberadamente que la identidad visual de un pueblo no puede quedar en manos de una herramienta que, sin supervisión humana experta, produce aberraciones anatómicas que cualquier estudiante de primer año de artes plásticas corregiría de inmediato. La indignación que ha despertado esta obra no nace de un rechazo irracional a la tecnología, sino de la constatación de que se ha utilizado la inteligencia artificial no como un medio creativo o herramienta, sino como un atajo para eludir el compromiso con el diseño profesional y la honestidad artística.
El análisis visual detallado de la pieza revela una serie de fallos técnicos que son, paradójicamente, la “huella dactilar” de una inteligencia artificial mal empleada. La imagen presenta a un personaje femenino bajo la temática de los “cuentos de hadas”, pero la magia se desvanece al observar las extremidades. Como bien se ha detectado, una de las manos del personaje muestra apenas cuatro dedos, mientras que la otra presenta una estructura ósea y muscular deforme que desafía las leyes de la anatomía humana, fundiéndose de manera grotesca con el fondo de la ilustración. Estos errores no son detalles menores; son la prueba irrefutable de que no ha existido un proceso de post-producción o retoque humano que garantice la calidad mínima exigible para una obra institucional. Es inconcebible que un jurado o una oficina de festejos acepte como válida una ilustración donde los ojos carecen de una simetría natural o donde el antifaz, un elemento central de la composición carnavalera, no está alineado correctamente con la estructura ósea de la cara. Esta desalineación evidencia que el software ha interpretado planos y sombras sin comprender la tridimensionalidad del rostro, resultando en una imagen plana y defectuosa.
El colmo de la desfachatez visual se encuentra en la pluma central del tocado del personaje. En ese punto, el algoritmo ha dejado lo que los expertos denominan “artefactos de generación”, que en este caso se manifiestan como una mancha de píxeles sin sentido, una suerte de “firma fantasma” de la propia IA que ha sido ignorada por quien presentó la obra. Este tipo de señales son los síntomas finales de una imagen generada de forma masiva y sin control. La presencia de estos artefactos, sumada al logotipo que intenta dar una pátina de autoría manual a una obra de origen maquinal, constituye un ejercicio de deshonestidad que insulta la inteligencia del público. Al elevar este producto algorítmico a la categoría de imagen oficial, el Ayuntamiento está legitimando el “todo vale” en la comunicación institucional, sacrificando la excelencia en el altar de la inmediatez y, posiblemente, de un ahorro presupuestario mal entendido que acaba saliendo muy caro en términos de prestigio y credibilidad cultural.
Más allá de la evidente mediocridad técnica, el verdadero escándalo reside en el desprecio sistémico hacia los profesionales del diseño y la ilustración en Canarias. Es una contradicción sangrante que el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane limite la participación en sus certámenes exclusivamente a los residentes en las islas, bajo el pretexto de fomentar lo local, para luego premiar una obra que carece de vinculación artesanal genuina con el territorio. Esta restricción de residencia es un anacronismo que castiga injustamente a la diáspora creativa canaria. Son muchos los artistas nacidos en la isla y el archipiélago que, por motivos laborales o de formación, residen fuera de las islas y que, a pesar de mantener un vínculo emocional inquebrantable con su tierra, se ven privados del derecho a participar en la construcción de la identidad visual de sus propios municipios. Resulta irónico y doloroso que un llanense o palmero en el exterior no pueda concursar, mientras se valida una imagen que podría haber sido generada en cualquier servidor remoto del mundo sin ninguna sensibilidad por la idiosincrasia de La Palma.
Esta política de exclusión no protege al artista local; lo que hace es empobrecer la calidad del certamen al reducir drásticamente el abanico de talento disponible. Un concurso que se cierra a sus propios ciudadanos en el exterior, pero que abre la puerta a la chapuza digital, es un concurso herido de muerte. Los diseñadores, ilustradores y artistas de Canarias llevan años luchando por el reconocimiento de su oficio en un entorno donde la precariedad es la norma y el intrusismo, ahora potenciado por el uso fraudulento de la IA, es la nueva gran amenaza. Que una institución pública no sea capaz de distinguir entre el uso de la tecnología como herramienta de apoyo y su uso como sustituto absoluto del pensamiento creativo es una negligencia que no debe pasarse por alto. El diseño es comunicación, es concepto y es ejecución técnica; ninguna de esas dimensiones se sostiene en el cartel de 2026. No hay concepto porque la temática se ha resuelto con clichés genéricos y no hay ejecución porque los fallos anatómicos son intolerables para un encargo de esta envergadura.
En conclusión, la falta de valoración del talento regional es un síntoma de una miopía administrativa que confunde la gestión de festejos con el simple hecho de “rellenar espacios”. Los concursos de carteles deben ser plataformas para exhibir la pujanza creativa de una comunidad, no una vía rápida para cubrir el expediente. Al premiar este tipo de trabajos, se envía un mensaje nefasto a las nuevas generaciones: que su esfuerzo, sus años de estudio en escuelas de arte y su búsqueda de un lenguaje visual propio son irrelevantes frente a un “prompt” de pocos minutos. Es imperativo profesionalizar los jurados, eliminar barreras geográficas absurdas para los canarios en el exterior y, sobre todo, exigir un respeto real por el arte. La cultura de Los Llanos de Aridane es demasiado valiosa para ser representada por una imagen con dedos de más y rigor de menos.
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MohamedElGaznate
El año que viene voy a participar yo también. Viendo que vale la pena hacerlo con la IA.
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corbatacolombiana
No pierdes las malas el concejal de fiestas de los llanos. Cartel hecho con IA menospreciando a los artistas de la isla y un escenario de 300.000 euros. Esto parece un chiste. Un escenario de esas dimensiones y precio para que el principal numero que actúa sea el de la orquesta nueva línea. Muy bonito todo, mientras VETA a la única orquesta que tiene los llanos que el LA LIBERTAD que los eliminó hasta en fin de año después de estar 17 años partiendo el año con su gente.
Que ganas de que vengan las elecciones. Algunos no van a saber para dónde correr
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Jongoro80
La Devaluación del Cartel del Carnaval 2026 de Los Llanos de Aridane
La elección del cartel del Carnaval de Los Llanos de Aridane 2026 no es solo una anécdota estética desafortunada, sino un síntoma alarmante de la degradación institucional en la gestión de la cultura y la propiedad intelectual. Cuando un Ayuntamiento, que debería ser el principal defensor y promotor del talento local y regional, opta por validar una imagen que supura los errores más básicos de una generación algorítmica descuidada, está enviando un mensaje devastador a toda la comunidad creativa y artística de Los Llanos de Aridane, La Palma, Canarias y el mundo en general. El cartel anunciador de una de las festividades más emblemáticas de la isla de La Palma ha dejado de ser una pieza de comunicación visual estratégica para convertirse en un recordatorio de la pereza técnica y la falta de criterio profesional. Esta situación se agrava al observar cómo la administración pública parece ignorar deliberadamente que la identidad visual de un pueblo no puede quedar en manos de una herramienta que, sin supervisión humana experta, produce aberraciones anatómicas que cualquier estudiante de primer año de artes plásticas corregiría de inmediato. La indignación que ha despertado esta obra no nace de un rechazo irracional a la tecnología, sino de la constatación de que se ha utilizado la inteligencia artificial no como un medio creativo o herramienta, sino como un atajo para eludir el compromiso con el diseño profesional y la honestidad artística.
El análisis visual detallado de la pieza revela una serie de fallos técnicos que son, paradójicamente, la “huella dactilar” de una inteligencia artificial mal empleada. La imagen presenta a un personaje femenino bajo la temática de los “cuentos de hadas”, pero la magia se desvanece al observar las extremidades. Como bien se ha detectado, una de las manos del personaje muestra apenas cuatro dedos, mientras que la otra presenta una estructura ósea y muscular deforme que desafía las leyes de la anatomía humana, fundiéndose de manera grotesca con el fondo de la ilustración. Estos errores no son detalles menores; son la prueba irrefutable de que no ha existido un proceso de post-producción o retoque humano que garantice la calidad mínima exigible para una obra institucional. Es inconcebible que un jurado o una oficina de festejos acepte como válida una ilustración donde los ojos carecen de una simetría natural o donde el antifaz, un elemento central de la composición carnavalera, no está alineado correctamente con la estructura ósea de la cara. Esta desalineación evidencia que el software ha interpretado planos y sombras sin comprender la tridimensionalidad del rostro, resultando en una imagen plana y defectuosa.
El colmo de la desfachatez visual se encuentra en la pluma central del tocado del personaje. En ese punto, el algoritmo ha dejado lo que los expertos denominan “artefactos de generación”, que en este caso se manifiestan como una mancha de píxeles sin sentido, una suerte de “firma fantasma” de la propia IA que ha sido ignorada por quien presentó la obra. Este tipo de señales son los síntomas finales de una imagen generada de forma masiva y sin control. La presencia de estos artefactos, sumada al logotipo que intenta dar una pátina de autoría manual a una obra de origen maquinal, constituye un ejercicio de deshonestidad que insulta la inteligencia del público. Al elevar este producto algorítmico a la categoría de imagen oficial, el Ayuntamiento está legitimando el “todo vale” en la comunicación institucional, sacrificando la excelencia en el altar de la inmediatez y, posiblemente, de un ahorro presupuestario mal entendido que acaba saliendo muy caro en términos de prestigio y credibilidad cultural.
Más allá de la evidente mediocridad técnica, el verdadero escándalo reside en el desprecio sistémico hacia los profesionales del diseño y la ilustración en Canarias. Es una contradicción sangrante que el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane limite la participación en sus certámenes exclusivamente a los residentes en las islas, bajo el pretexto de fomentar lo local, para luego premiar una obra que carece de vinculación artesanal genuina con el territorio. Esta restricción de residencia es un anacronismo que castiga injustamente a la diáspora creativa canaria. Son muchos los artistas nacidos en la isla y el archipiélago que, por motivos laborales o de formación, residen fuera de las islas y que, a pesar de mantener un vínculo emocional inquebrantable con su tierra, se ven privados del derecho a participar en la construcción de la identidad visual de sus propios municipios. Resulta irónico y doloroso que un llanense o palmero en el exterior no pueda concursar, mientras se valida una imagen que podría haber sido generada en cualquier servidor remoto del mundo sin ninguna sensibilidad por la idiosincrasia de La Palma.
Esta política de exclusión no protege al artista local; lo que hace es empobrecer la calidad del certamen al reducir drásticamente el abanico de talento disponible. Un concurso que se cierra a sus propios ciudadanos en el exterior, pero que abre la puerta a la chapuza digital, es un concurso herido de muerte. Los diseñadores, ilustradores y artistas de Canarias llevan años luchando por el reconocimiento de su oficio en un entorno donde la precariedad es la norma y el intrusismo, ahora potenciado por el uso fraudulento de la IA, es la nueva gran amenaza. Que una institución pública no sea capaz de distinguir entre el uso de la tecnología como herramienta de apoyo y su uso como sustituto absoluto del pensamiento creativo es una negligencia que no debe pasarse por alto. El diseño es comunicación, es concepto y es ejecución técnica; ninguna de esas dimensiones se sostiene en el cartel de 2026. No hay concepto porque la temática se ha resuelto con clichés genéricos y no hay ejecución porque los fallos anatómicos son intolerables para un encargo de esta envergadura.
En conclusión, la falta de valoración del talento regional es un síntoma de una miopía administrativa que confunde la gestión de festejos con el simple hecho de “rellenar espacios”. Los concursos de carteles deben ser plataformas para exhibir la pujanza creativa de una comunidad, no una vía rápida para cubrir el expediente. Al premiar este tipo de trabajos, se envía un mensaje nefasto a las nuevas generaciones: que su esfuerzo, sus años de estudio en escuelas de arte y su búsqueda de un lenguaje visual propio son irrelevantes frente a un “prompt” de pocos minutos. Es imperativo profesionalizar los jurados, eliminar barreras geográficas absurdas para los canarios en el exterior y, sobre todo, exigir un respeto real por el arte. La cultura de Los Llanos de Aridane es demasiado valiosa para ser representada por una imagen con dedos de más y rigor de menos.
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DosDedosDeFrente
Esto es IA, lo diga Agamenón o su Porquero. Tiene un montón de señales de que es IA (fallos en los dedos, el castillo del fondo con cierto desenfoque que no se hace en ilustración, el hada con una sola ala…)
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fonsi
Siasss la IA ¿ Eso estaba en las bases?
Así cualquiera. Mira que e gusta la IA al concejal fiestero. La primera vez hizo el cartel el mismo y ahora lo encarga. Como el cuadro de AliExpress que pusieron en la puerta del nacimiento. Cada día me avergüenzo más
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amaranta
A mí me gustaría que presentara también el presupuesto de tener montado más de un mes el escenario que se usó nada más y nada menos que en la bajada de la virgen. Según esos cálculos, un mes montado ronda los 300.000 euros. Aparte de la escenografía. Y todo para que canten las niñas de la nueva línea. Hay que ser …
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