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España en Libertad | 50 años
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La mirada femenina en una isla rural en transición: Elsa López

“A mí me dieron una paliza por leer a Miguel Hernández en un colegio mayor en 1964 (…) ahora, el problema es que las adolescentes no saben ni quién es ni que miles de mujeres salimos a la calle en esos años”

Elsa López, escritora, editora, Hija Adoptiva de La Palma, Premio Canarias de Literatura y la voz de muchas mujeres.

Con la llegada de la democracia, La Palma ha cambiado y la vida de sus habitantes, especialmente de las mujeres, también. Una de las personas que ha dado voz a la mujer, sobre todo rural y a su labor muchas veces callada pese a ser el sostén de las familias, ha sido la escritora, editora, docente y Premio Canarias de Literatura 2022, Elsa López (Guinea Ecuatorial, 1943), quien llegó a La Palma siendo niña y posteriormente realizó su tesis doctoral basada en investigaciones de campo en “El tablado de la Montañeta: Estructura social y cultural de una comunidad campesina en la isla de La Palma” que mereció el cum laude y el título de Doctora en Filosofía. Con ella hemos charlado de cómo ha evolucionado La Palma y de la importancia del conocimiento para no dar pasos atrás en los derechos y libertades conquistados en estos 50 años. “Mentalmente las mujeres sí han cambiado, se sienten que tienen un lugar y que ese lugar les corresponde por derecho. Pueden ser médicos, abogadas, juezas y guardia civil, todo eso junto. Ahí hay un cambio”, ha dicho. Pero avisa: “Como esto avance políticamente por donde vemos que va, vamos a tener que volver a hacer el ajuar porque las mujeres no podrán salir, bailar; no podrán tener la libertad de verdad, de elegir una carrera, un futuro, espero que no sea así”.

Elsa López llegó a La Palma en los años 50, era pequeña y se fue a vivir a El Planto, entonces una zona rural de Santa Cruz de La Palma, donde el papel de la mujer, nos contó, era el de siempre: “el hombre trabaja fuera y ellas estaban en casa”.

En Garafía, en el norte de la isla, tampoco cambiaba mucho el sistema, “trabajaban en casa, se levantaban de madrugada, se iban al campo a cuidar el ganado, cargando a sus hijos y volvían de nuevo a la casa para preparar la comida”. El hombre se había ido también al campo pero volvía para que le pusieran la comida.

“Eso es una constante que siempre se me quedó grabada. Este sistema familiar estaba absolutamente arraigado, la estructura era clara, no había cambios. Yo volvía de adolescente y me encontraba con la misma situación”.

“Esa idea de tú en casa y nosotros fuera, porque la sociedad era así en La Palma y en las zonas rurales”. Llamó también la atención sobre el hecho de que las mujeres además (eso lo trabajé cuando hice mi tesis) se levantaban de madrugada y atendían al hombre para que se fuera “bien desayunado”. Ellos se iban al campo a cuidar sus animales o atender las fincas.

“Es un patrón que se ha repetido durante mucho tiempo y hemos luchado para que eso no fuera así, pero es que si lo piensas en el campo no puede haber otra forma de vida”.

“Entonces la pregunta es ¿ha cambiado todo? Pues ha cambiado para las que se fueron del campo. “Yo conozco gente de Garafía que se fue a vivir a núcleos urbanos como Los Llanos y tienen una vida distinta, viven en un piso y le dices de ordeñar una cabra o una vaca y te miran raro cuando su madre o su abuela lo hacían en el día a día”.

En lo que respecta al aspecto ideológico, cree Elsa López que siguen pensando que “esto es un lío”. “Yo me acuerdo que les preguntaba qué pensaban de Franco y me miraban asustadas, no me contestaban porque habían vivido lo que habían vivido en sus casas o en las de los vecinos”.

El miedo político estaba presente en las zonas rurales. El miedo a hablar, el miedo a opinar.

“Yo, en mi tesis, les hacía preguntas muy personales: respecto de la iglesia, si eran creyentes, si iban a misa; sobre el sexo… francamente creo que eso no ha cambiado”.
“La gente que conozco más joven que vive ahora en zonas rurales, son mucho más libres, tienen otra mentalidad”.

La escritoria palmera Elsa López

¿La llegada de la democracia cambió las cosas?
Cuestionada por si la llegada de la democracia hizo que las cosas cambiaran, dijo que sí pero muy lentamente. “Las que yo conocí niñas, estoy hablando de los años 60/70, claro que ha cambiado su manera de ver la vida, han estudiado fuera, o simplemente se fueron del campo, de alguna manera dieron la espalda a lo que tradicionalmente había sido la vida de su familia”.

“Sí conocí mujeres entregadas a su ganado, a su tierra, y sus hijas se fueron y de alguna manera rechazan todo eso. Le gusta el campo pero no volverían jamás a tener el papel de sus madres y sus abuelas. Ese papel no lo quieren, lo rechazan.

Vuelven a las zonas rurales por cariño, y les gusta, incluso plantan unos árboles en lo que han heredado pero con una visión distinta, más social.

Y, luego, están las nietas de aquellas mujeres (de los 80-90) que tiene unos 30-40 años, que las ves viviendo en el campo y que tienen otra mentalidad, políticamente también.

“Yo he visto mujeres con un pañuelo en la cabeza todo el día; he vivido una Palma donde las mujeres se tapaban la cabeza y no eran árabes. Lo mismo que en Andalucía, en las zonas rurales profundas, iban con un pañuelo tapándose el pelo. Que no me cuenten historias. Nosotros hemos vivido eso durante siglos y siglos. Esa es la clave”. ¿Y me preguntas si ha cambiado mucho la vida? Pues sí, a lo mejor una chica de Garafía hoy en día si él se pone con tonterías o le dice alguna impertinencia lo manda a callar.
Ya no se soporta aquella esclavitud, afirmó.

A este respecto, Elsa López se preguntó si Franco tenía algo que ver con que las mujeres se taparan la cabeza, o de que fueran a misa todos los días y respondió: “Pues no, ellas hacían eso antes, con la República; que había miedo, pues me imagino que sí. De hecho cuando yo les hablaba de política bajaban la voz, eso es un síntoma claro.
El miedo se palpaba siempre, pero sabes que te digo, que el miedo se palpa hoy. Entonces estaba Franco y era clarísimo, o ibas con Franco o estabas en contra, eso te definía.

Hoy hay un miedo soterrado a decir lo que no conviene porque luego no me dejan hacer un pajero, o tienen miedo de no poder hacerse un baño en la casa si el alcalde se entera de que votó al otro.

Yo eso lo he vivido, el miedo lo he vivido. Y digo una cosa, que la gente vuelve a tener miedo, en las zonas rurales las mujeres siguen temiendo por sus hijos; tienen miedo a lo que suceda, a la sociedad como está actualmente”.

Con todo, Elsa López considera que ha habido avances importantes. “Ha habido un cambio cultural, muchas mujeres del mundo rural leen, tienen Instagram, hay un avance en la tecnología que ha acercado la cultura, eso es verdad”. Recordó cuando llegó la luz eléctrica a donde ella vivía y lo que significó: “La gente se compró neveras, se hizo un baño, que no tenían baños, yo tampoco. Claro que ha habido cambios y ellas, en el medio rural, pudieron comprarse una máquina de coser eléctrica, pudieron ver la televisión…era un descubrimiento”.

“¿Me preguntas si La Palma es distinta? Bueno, aparentemente sí. Las mujeres visten de otra manera, las chicas jóvenes las ves más desinhibidas, pueden salir, volver tarde, no volver; sexualmente hay otro comportamiento, otra manera de entender la vida. Mentalmente sí han cambiado, se sienten que tienen un lugar y que ese lugar les corresponde por derecho. Pueden ser médicos, abogadas, juezas y guardia civil, todo eso junto. Ahí hay un cambio”.

Sin embargo sigue habiendo un comportamiento que “a mí me disgusta, de estar pendiente de ver cómo vive el otro, de juzgar al otro, pero me da igual que tengan 20 años, también juzgan por todo lo contrario de lo que ellos hacen”.

Elsa López

La escritora y humanista trabajando rodeada de libros, fotos y recuerdos.

Advierte Elsa López, de que hay muchas mujeres con el concepto de dependencia marcado, es un fenómeno que, señaló, “como esto avance políticamente por donde vemos que va, pues vamos a tener que volver a hacer el ajuar porque las mujeres no podrán salir, bailar, no podrán tener la libertad de verdad, de elegir una carrera, un futuro, espero que no, pero tengo miedo”. “Cuando veo a las adolescentes confundir cosas y políticamente, además, completamente ignorantes de lo que les pueda pasar y ya no hablo de ideología. Yo no hablo de que a mí me dieron una paliza por leer a Miguel Hernández en un colegio mayor en 1964; no, no hablo de eso; el problema es que ahora no leen ni a Miguel Hernández ni saben quién es; no saben quién es García Lorca, lo que fue la lucha; no saben que miles de mujeres salimos a la calle en esos años. No imaginan lo que pasamos para poder ir a un banco a sacar dinero, eso no lo entienden. Cuando yo cuento en conferencias que casada, con una hija en 1968, iba al banco y no podía sacar dinero si no llevaba la firma de mi marido; que no podía viajar con mi hija en tren si no tenía la autorización de mi marido; eso es tremendo. Vivirlo es tremendo, pues no lo saben y me miran cuando se los cuento en conferencias como si hubiera vivido en Irán. Claro, no lo pueden entender”.

“Esa es la diferencia”, advierte la escritora y humanista, “y como nadie se lo explique, que tengan cuidado que esto puede volver” y que “a lo mejor tienen que quedarse en casa haciendo punto y croché”; que todavía puede que vuelva la mentalidad de decirte que el hombre es el que trae el dinero a casa, “el que lo gana es el que manda, cállate la boca. Tú a cocinar y a hacer punto de cruz mientras él llega; puede volver a ocurrir: la idea del hombre como el prototipo del mando, del poder, de la sabiduría. Así que hay que enseñar las orejas del lobo, si no estamos perdidas”, advierte.

No en vano, la Premio Canarias de Literatura, que mantiene una intensa actividad literaria, cultural y social dentro y fuera la isla, de la que se ha convertido en una de sus más preciadas embajadoras, también imparte conferencias entre los estudiantes de los colegios sobre lo que supuso la dictadura y la llegada de la democracia tanto en la isla como en todo el país.

“Yo lo explico, cómo éramos y lo de la paliza de Miguel Hernández, lo cuento siempre. Ustedes donde me ven -les digo- he corrido sin tino delante de la policía, detrás y en medio y no les cabe en la cabeza. Y les parece que soy una abuelita que cuenta cosas, como yo oí a mi abuela. Es lo mismo, solo que mi abuela no hablaba porque tenía miedo pero yo sí; yo perdí el miedo, simbolizando a las mujeres de entonces. Mi abuela tenía miedo de todo, del marido, de la guerra, de los que tenían el poder, de la guardia civil, y mi madre también. Se escurría del asiento delantero, a finales de los 60, cuando veía a la Guardia Civil. Eso es lo que hay que explicarles para que sepan y tengan la memoria de lo que puede suceder si hay un descuido”, avisa.

La escritora y humanista resume que hemos avanzado en derechos, “aparentemente sí”, y que La Palma ha cambiado, “parece que hay más cultura, más conciertos, más teatro, más encuentros literarios, culturalmente hablando; pero también señala que socialmente sigue habiendo elecciones de “Miss no sé qué, que a mí me ponen la carne de gallina y eso es igual que hace 60 años, no veo yo el cambio”. Las mujeres, argumenta, siguen pensando que el canon de belleza es importante y proliferan en lugar de librerías, que se están cerrando una tras otras, las tiendas para hacerte las uñas más largas. Esto, dice, es un ejemplo de lo que llaman cambio: “Se abren más bares y más tiendas para arreglar las uñas”.

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