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Doce años de cárcel por agredir sexualmente a su hija desde los 5 hasta los 8 años en La Palma

Juzgados.

La Audiencia de Santa Cruz de Tenerife ha condenado a 12 años de cárcel al padre de una menor por ser responsable de un delito de agresión sexual del que fue víctima su hija desde que tenía cinco años hasta que cumplió ocho.

Además de la pena de prisión le ha sido retirada la patria potestad y se le ha impuesto el pago de 8.000 euros como indemnización.

Dado que la guardia y custodia la ostentaba la madre, el procesado, que en la actualidad tiene 37 años, disponía de un régimen de visitas a la niña en fines de semanas alternos y mitad de las vacaciones.

Normalmente, la menor se trasladaba al domicilio que el procesado compartía con sus abuelos en La Palma y que, por lo tanto, eran bisabuelos de la menor.

En el transcurso de la práctica totalidad de estas visitas, el padre comenzó a desarrollar determinadas prácticas sexuales que en algunos casos llegaron a ser relaciones completas y en otras tocamientos.

En dos ocasiones fue sorprendido e interrumpido por su abuela, una cuando estaban en la habitación de la planta baja en la que vivía y otra en la azotea.

La madre de la niña interpuso una denuncia y se le impuso al acusado la prohibición de aproximarse a menos de 400 metros a la menor, comunicarse con ella por cualquier medio y de comparecer en el juzgado dos veces a la semana, hasta la celebración del juicio el pasado octubre en La Palma.

El fallo indica que el condenado permanecerá nueve años en libertad vigilada tras salir de prisión en caso de que sea condenado en firme, mantenerse alejado 500 metros de la niña y no comunicarse con ella durante 15 años, así como la imposibilidad durante 14 años de ejercer profesiones con menores y participar en programas de orientación sexual.

Cuando se celebró el juicio, la niña, que tenía 13 años, declaró acompañada de una psicóloga y explicó que los abusos también se produjeron en un gallinero y que en todas las visitas siempre ocurría algo y que a ella no le gustaba porque le dolía.

Relató las dos ocasiones en las que los sorprendió su bisabuela, que ésta le dijo que le contara todo lo que pasara a ella para evitarlo pero que tampoco quería que su nieto fuera a la cárcel, y que cuando los sorprendió juntos discutieron e incluso se pegaron.

A los nueve años tomó conciencia de lo que estaba ocurriendo y se negó a visitar a su padre.

El encausado, por su parte, culpó al hermano de la niña, de seis años, de tenerla amenazada y realizar tocamientos, lo que fue negado por ésta y su madre.

En su defensa también pidió que se aplicara la atenuante de alcoholismo, además de asegurar que llevaba varios meses sobrio.

La Sala concluyó con que la niña estuvo serena durante el juicio, su testimonio resultó “muy convincente, sin vacilar y con las ideas muy claras propias de una persona que cuenta lo que ha sufrido, sin fisuras, sin ambages, ateniéndose a los recuerdos de forma tranquila y cierta emoción en algunos momentos”.

La abuela admitió parcialmente que vio los abusos y que la niña le dijo que tenía un secreto pero que nunca se lo llegó a contar, lo que no resulta creíble para el tribunal, dado que había sido testigo de lo ocurrido, como tampoco creyó que prefería que la menor no viera al padre pero porque éste fumaba y bebía.

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