
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) concluye que, aunque la erupción del volcán Tajogaite en La Palma provocó un aumento significativo de las concentraciones de gas radón en las zonas próximas al centro eruptivo, la radiación estimada para la población no representó un riesgo grave para la salud pública.
El trabajo, publicado en la revista científica Journal of Hazardous Materials, ha sido realizado por investigadores del Laboratorio de Física Médica y Radioactividad Ambiental (FIMERALL-SEGAI) de la ULL y del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), ha informado este viernes la ULL en un comunicado.
Según el estudio, la erupción liberó grandes cantidades de radón, un gas radiactivo natural, invisible e inodoro que procede de la desintegración del uranio presente en las rocas y cuya vigilancia es especialmente relevante en entornos volcánicos, ya que constituye la segunda causa de cáncer de pulmón en el mundo.
Los investigadores estiman que el Tajogaite emitió alrededor de 30 millones de becquerelios por metro cuadrado al día, una tasa unas 160 veces superior a la registrada en otros volcanes activos en periodos de calma y hasta un millón de veces mayor que la observada en suelos naturales.
El estudio atribuye estas elevadas emisiones a la apertura de nuevas fracturas y al incremento de la permeabilidad del terreno durante la erupción, factores que facilitaron el ascenso del gas desde el subsuelo hasta la superficie.
La investigación constata además que las concentraciones de radón disminuyeron conforme aumentaba la distancia al volcán.
En las zonas más próximas, aproximadamente una cuarta parte de las mediciones realizadas en el interior de edificios superó el nivel de referencia de 300 becquerelios por metro cúbico establecido por la normativa sanitaria, agrega la nota.
No obstante, los autores señalan que la acumulación del gas estuvo condicionada también por factores meteorológicos, como episodios de vientos débiles y capas de inversión térmica a baja altura, que dificultaron su dispersión y favorecieron su concentración cerca del suelo y en el interior de las viviendas.
Pese a ello, la dosis de radiación ionizante estimada para la población del Valle de Aridane durante los tres meses que duró la erupción fue de 0,3 milisieverts.
Según la ULL, extrapolada a un año completo, la exposición alcanzaría 1,2 milisieverts, aproximadamente la mitad de la dosis media anual que recibe una persona por fuentes naturales y artificiales en condiciones normales.
El estudio advierte, sin embargo, de que en puntos muy próximos al centro eruptivo podrían haberse registrado dosis individuales superiores en escenarios de exposición prolongada.
Los investigadores consideran que estos resultados ponen de manifiesto la conveniencia de incorporar el seguimiento sistemático del radón a los protocolos de evaluación del riesgo volcánico, tanto para proteger la salud de la población como para mejorar el conocimiento sobre la evolución de los sistemas magmáticos y la influencia de las condiciones meteorológicas en la dispersión del gas.
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