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Horacio Pérez Rodríguez, una vida dedicada al pastoreo

La vida en el campo no es fácil y Horacio lo sabe. Dice que nació pastor porque lo primero que vio fueron cabras y con doce años ya las ordeñaba. Desde su explotación en el barranco de Juan Mayor subía todos los días a la cumbre con sus animales

Horacio y su pastor garafiano.

En una isla como La Palma donde tanta gente vive del sector primario, siempre hay personas que llaman la atención por su personalidad como Horacio Pérez Rodríguez, de los últimos pastores que quedan en Santa Cruz de La Palma, por no decir el último, y que a sus 84 años todavía sigue en activo.

“Nací pastor porque de lo primero que vi al nacer fueron cabras y con doce años ya las estaba ordeñando“, nos cuenta este hombre fuerte y abierto que no aparenta la edad que tiene y que sube y baja lomas como si fuera un muchacho de quince. A punto de cumplir los 85, sigue teniendo cabras porque “me gustan y por no estar quieto. Si no hago nada es la perdición y es mejor moverse uno”, dijo.

Su vida, como la de tantas personas que se han dedicado a esta y otras actividades del sector primario, no ha sido fácil. Tiene su explotación en el barranco de Juan Mayor, y desde allí subía todos los días a la cumbre caminando con sus animales. “Cuando yo era joven todos los días iba a la cumbre, y en los veranos muchas veces me quedaba arriba por la noche”.

En la Cueva del ‘Jumo’, por encima de Velhoco, con la leche que le daban las cabras hacía el queso y lo ahumaba allí mismo en un cañizo, para luego venderlo. Entonces, dice, se hacía poco queso pero daba para vivir y “cuando se terminaba el queso, porque se sacaban las cabras, me dedicaba a cortar varas para poder escapar, eso era así”.

Horacio siempre ha tenido cabras y también perros, pastores garafianos, que han sido unos fieles aliados que le han ayudado mucho en su actividad porque “yo no los quiero para lujos sino para las cabras, para que trabajen”. El perro, contó el pastor, lo tienes que criar desde chico y que sea de esta raza, garafiano, porque son nobles, obedientes y buenos. “Hay que educarlos para que no hagan daño a la cabra pero son un gran aliado“, afirmó. Son tan importantes estos animales que contó que “cuando el dinero era dinero, di por un cachorro que no hacía sino ir a las cabras 15.000 pesetas“.

Pese al paso de los años, este cabrero se sigue levantando temprano para ir a atender a su rebaño y cuenta que para encontrarlo solo hay que “mirar desde el antiguo aeropuerto para arriba, hasta donde hay dos torres y todo eso que está pelado, donde no hay monte, eso es de Horacio y ahí tengo las cabras y la casa”, sonríe.

Horacio con su pastor garafiano participó en el Reto 100% Pastor Garafiano, organizado por la Asociación Española del Perro Pastor Garafiano, en Puntallana, para dar a conocer esta raza autóctona, tradicionalmente vinculada al pastoreo aunque ya se ha convertido en un animal de compañía, y de camino conseguir un récord guinness. El objetivo se consiguió con la participación de 103 animales, algo nada fácil de lograr en una isla donde todo cuesta mucho.

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