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El callejón

Farsa y absolución de la infanta castiza

Tres magistradas de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca han necesitado setecientas cuarenta y una páginas para certificar lo que ya se sabía de antemano e incluso lo que el tan vilipendiado juez instructor intuía desde el mismo momento en que, de su puño y letra, salió la imputación que habría de sentar en el banquillo de los acusados a la segunda hija del anterior Jefe del Estado (no olvidemos: nombrado sucesor a título de Rey por el general Francisco Franco) y es que se escenificaría, como así sucedió, un juicio con todas las de la ley, pero con los papeles bien asignados y un desenlace escrito de inicio, en el que por no faltar no ha faltado ni un fiscal implacable (aunque sólo con aquellos que no pertenecen a la familia real española en línea de consanguinidad directa) ni una acusación popular, que luego desempeñó en esta función el rol deshonroso de rufián chantajista y que ha sido condenada a pagar las costas de un proceso que acaba con la absolución de las dos esposas de los dos principales granujas encausados, quienes, además y como era de esperar, no pisarán la cárcel ni de visita.

La resolución judicial del caso Nóos, que es la prueba hiriente y vergonzosa del extremo nivel de desfachatez, inmundicia y corrupción por el que se arrastra buena parte de la clase política de este país, nos devuelve, con la desagradable e incómoda certeza de un reflejo fiel, proyectado desde la superficie limpia y nítida de un espejo, nuestra auténtica imagen: la de una democracia aún joven y poco madura, aunque afectada, en órganos esenciales, por un cáncer altamente agresivo, que amenaza con aniquilar su propia existencia. Mientras, los buitres, de uno u otro plumaje, se afilan las garras con una complacencia repulsiva.

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