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El Caleidoscopio
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Ópera en La Palma, un lujo al alcance de todos.

Las Bodas de Fígaro. Acto I, dueto entre Susanna (Rossana Potenza) y Fígaro (José Fardilha), diálogo el día antes de su boda. Mozart: maestro de lo cotidiano.

Durante el mes de julio se ha representado en La Palma la ópera anual que durante los últimos veranos viene aconteciendo fiel e ininterrumpidamente.  El espectáculo concretamente se llama "Ópera en el Convento", refiriéndose a El Convento de San Francisco de Santa Cruz de La Palma, donde se venía celebrando habitualmente, aunque este año se ha realizado en el Circo de Marte, parece ser que temporalmente. Como en todo, hay ganancias y pérdidas: de techo ya no tenemos la bóveda celestial (aunque la bóveda artificial del Circo de Marte es muy bonita,  todo hay que decirlo), impagable estar disfrutando la ópera y mirar al cielo y ver la noche estrellada (incluso con suerte alguna estrella fugaz), más en el Circo se gana en cercanía para todos. De cualquiera de las maneras, lo importante es que se represente: los dos lugares son magníficos.

   Este año la escenificada ha sido la ópera bufa de Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, Austria; 27 de enero de 1756Viena, Austria; 5 de diciembre de 1791) conocida como Cosí Fan Tutte. Es la historia de dos hermanas comprometidas con dos jóvenes oficiales, que en una apuesta con un amigo y  cínico hombre de mundo, quieren demostrarle que se  mantendrán fieles, mientras  el mantiene lo contrario, para lo cual no escatimará medios con tal de ganar la apuesta y conseguir la infidelidad de las damas. Pero es mucho más, hay ironía y ambigüedad  así como doble moralina. En su momento no tuvo tanto éxito como otras obras de Mozart, se la consideraba inmoral, pero con el tiempo, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial, ha ganado en repercusión.

   Personalmente he podido cumplir un sueño musical (como los llamo yo), siempre me ha fascinado Mozart, tanto su figura como su obra. Por ese mismo motivo, una persona que conocía mis inquietudes y a la que siempre le estaré agradecido, hace varios años,  me hizo un precioso regalo de cumpleaños: ¡una biografía de Mozart! Pero no una cualquiera sino una considerada de las mejores, la escrita por Alfred Einstein (Munich, 1880 – El Cerrito, California, 1952); primo hermano de Albert Einstein ¡vaya familia de genios! De los mejores musicólogos de la historia. Me parece curioso este caso, uno científico (físico) y otro melómano. Los matemáticos te dicen que pueden descomponer la música a la mínima potencia pero que la magia y la chispa de donde brota, ay, eso es otra cantar, de eso ya no tienen ni idea.

   El libro es muy técnico pero  también contiene mucha información interesante, por eso mismo,  aprovechando que lo atesoramos,  veamos que nos dice Alfred Einstein sobre Cosí Fan Tutte.  Es necesario que antes explique quien es el autor del libreto: el italiano Lorenzo Da Ponte,  que colaboró con Mozart en la creación de tres grandes óperas: Las Bodas de Fígaro (1786), Don Giovanni (1787) y la mencionada Cosí Fan Tutte (1790); como dijimos, veamos algunos pasajes sobre esta última (primero sobre Da Ponte):

"Pero el libreto de Da Ponte de Cosí Fan Tutte, considerado como obra mecánica, es lo mejor que hizo jamás, mejor que de las Bodas de Fígaro o del Don Giovanni (…) la acción se desarrolla siempre lógica y alegremente, y el final nos proporciona un placer estético, como un problema de ajedrez resuelto con precisión o un experimento de magia bien ejecutado. Y este es más difícil, y la solución es más limpia, por tener que mover Da Ponte solamente a seis figuras: las dos parejas de amantes; de las damas, una Fiorfiligi, es más heroica; la otra, Dorabella, más liviana de corazón; de los dos oficiales, uno, Guglielmo (barítono), es más impetuoso; el otro, Ferrando (tenor), más suave y lírico. Los hilos de la acción están en manos del viajero cínico o "sabio", como se decía en el siglo XVIII, y de la doncella Despina".

   Ahora sobre Mozart: "Pero, ante todo: la música no es en absoluto peor o "menos buena" que las Bodas. Es diferente, más de igual cualidad. Mozart estuvo en la cumbre de su creación y escribió con entusiasmo y amor; invitó el 29 de diciembre de 1789 a su hermano de Logia, Puchberg, y, el 20 de enero de 1790, a la "primera prueba instrumental en el teatro", lo que no habría hecho si no hubiese considerado su obra de mucho valor".

Como pueden ver no estamos hablando de una ópera cualquiera sino de una obra maestra en toda regla, tanto en lo musical como en lo argumental. Para terminar de aprovechar el libro, expondré un pasaje sobre la biografía de Da Ponte que me parece interesante y significativo:

"Durante tres años Da Ponte puede continuar esta vida, hasta que el escándalo que suscitan sus relaciones con una mujer casada le obligan a la fuga precipitada: se le destierra, por quince años, de Venecia y del Véneto, y luego, al ser detenido, se le condena a siete años de cárcel. Esto no le gustaría, y por eso huye a las provincias austriacas; permanece algunos meses en Gorizia y solo se atreve a ir a Viena algunos días después de la muerte de María Teresa (diciembre 1780), que seguramente le había echado de sus confines…".

En la ópera hay un cruzamiento de parejas, aparte del tema de la institución matrimonial, las relaciones, la infidelidad,  las pasiones y los celos… por lo que es probable que parte de su vida, o su manera de sentirla y vivirla, esté reflejada en ella; a fin de cuentas, en esencia, somos lo que escribimos, lo que hablamos, incluso lo que comemos; somos vísceras y sangre y agua, todo dentro de un gran cuenco de carne, espolvoreado de suave y dulce, de intenso y picante: sentimiento, sentimientos… siguiendo esta fórmula no matemática,  no sería nada improbable que parte de su vida estuviese reflejada en Cosí Fan Tutte.

   Volviendo al tema de mi primera aproximación a una ópera de Mozart en vivo, las sensaciones no pudieron ser más maravillosas. Nada más empezar ya distinguí su música, su estilo tan dinámico, sublime, redondo… ¡inconfundible! Durante la representación, y al finalizar, por mi cabeza resonaban con insistencia estas palabras: Mozart es mucho Mozart. Y es que, aunque fuera una ópera bufa, y eminentemente cómica, aparte de humor, tenía intriga, emoción, pasión, drama, sentimiento, amor… todo en uno; si, realmente Mozart es mucho Mozart. No pude salir más contento. Ahora mi próximo sueño musical en lo que a Mozart se refiere es asistir a mi ópera favorita, Las Bodas de Fígaro, porque pienso que la vida es como la música, o la música como la vida, tanto da igual, una vez que cumples una meta te proyectas otra y luego otra, y siempre hay un horizonte que mirar y al que nunca podrás llegar. De todas formas, lo consiga o no, me siento feliz de haber podido ir a una ópera suya, tan buena como Cosí Fan Tutte, y en mi isla. No siempre se puede perseguir el horizonte, a veces en una cabaña cálida se puede estar confortablemente, y salir cuando el horizonte resplandezca y te llame.

   Las siete óperas que se han representado, por orden cronológico, comenzando en el 2006 (año en el que se estrenaron dos, las dos expuestas al principio), son las siguientes:

-Samon e Dalila, de Camille Saint Saëns.

-Rigoletto, de Guiseppe Verdi.

-El Barbero de Sevilla, de Gioachino Rossini.

-La Traviata, de Guiseppe Verdi.

-Madama Butterfly, de Giacomo Puccini.

-Don Pasquale, de Gaetano Donizetti.

-Cosí Fan Tutte, de Wolfgang Amadeus Mozart.

La lista es selecta y de altos vuelos, todas óperas históricas y de caché. En los últimos años, debido a la crisis, puede que sean representaciones más modestas, aunque quizás mejor decir… más íntimas,  porque no nos engañemos, la calidad es la misma, solo que con menos logística y producción: figurantes, coros, cantantes, etc… A todo lo expuesto anteriormente me remito: Cosí Fan Tutte, con solo seis personajes, es una grandísima ópera, a la altura de cualquiera; personalmente es de las que más he disfrutado (Mozart es mucho Mozart). Con todo, lo importante es que ni la crisis ha podido eliminarnos este placer musical: es para estar de enhorabuena: un privilegio.   

   La primera a la que asistí fue a La Traviata, ciertamente, vaya manera de perder mi virginidad en lo que a óperas se refiere: una grandísima ópera y una de las más famosas. Tengo la suerte, así lo considero, de tener unos padres a los que le gusta la música, y el bel canto en concreto. Todos los años me invitan y nunca digo no a algo tan delicioso y delicado. Desde entonces no he fallado a ninguna cita. Fue un descubrimiento en toda regla, un enamoramiento a simple vista y golpe de oído, una cosa es verlo por la televisión y otra en directo. Me  sorprendió mucho el alto grado de arte escénico que contenía: vestuario, interpretación, guión… todo acompañado de grandiosa música con orquesta en vivo: auténtico teatro cantado y tocado: sublime.

Me pasa algo curioso con dos formas diferentes de representar la música con escenografía. En el cine musical, no me lo termino de creer, me parece más antinatural, no digo que no haya buenas películas y que no merezca, pero me cuesta, me parece todo más de pega,  sin embargo con la ópera me lo creo, me dejo llevar, y sobre todo, me parece mucho más natural. Hasta tal punto que en la Traviata, llegando a su final, le dije a mi padre todo emocionado, sobre la protagonista femenina: ¡Es una verdadera beldad italiana! El me miró un poco extrañado,  como diciendo ¿que le pasa a este? Pues que me había enamorado del personaje, eso es otra, tu no estás viendo a los cantantes profesionales, estás viendo personajes, que a través de los efluvios de la música, van calando en ti, y acabas impregnado. Otra de las sensaciones que más me gustan de la ópera es la que tienes durante los días posteriores, cierras los ojos, despierto o en duermevela, y vuelves a ver a los personajes, muy vívidos, y te vuelven sentimientos; claro, los has visto en carne y hueso a escasos metros de ti, hasta los has sentido respirar. Eso me ocurre en menor medida con el cine musical, supongo que no es lo mismo, en este caso, un telón que una pantalla cinematográfica, esta última crea más barrera: musicalmente hablando, y valga la redundancia, no hay nada como la música en directo.

   En la representación de este año hemos tenido el honor de contar con la presencia de dos cantantes palmeros. Anelio Gibrán (barítono) en el papel de Guglielmo, y Rosina Herrera (soprano), en el papel de Despina. Anelio, todo pasión e ímpetu, Rosina, toda cómica y vivaracha. Aparte de estar maravillosos, no podía dejar de admirarlos. La ópera es realmente un arte complicado, es polifacética, no solo tienes que saber de música y canto, que ya es mucho, sino artes escénicas e interpretación, aparte de idiomas (por ejemplo, esta obra se desarrolla en italiano), además, nunca dejas de perfeccionarte, siempre estás creciendo y aprendiendo. En una isla tan pequeña y tan alejada es complicado llegar a donde han llegado, requiere mucha voluntad, mucho sacrificio, en resumidas cuentas, auténtica vocación, pasión sin límites por la música. Cuando cantaban surgía una vibración especial en el teatro, es bonito ser profeta en tu tierra, estábamos encantados de poder disfrutarlos entre nosotros.

   Ahora quiero hablar sobre el vídeo que acompaña este texto. Quería que fuera de Mozart, pero tiene tanto y tan bueno, complicado elegir… solo podía ser una, al final me he decantado por esta pieza que pertenece a Las Bodas de Fígaro, un dueto de su primer acto que me gusta mucho. Mozart dominaba como pocos lo cotidiano, la alegría contenida que nos invade durante muchas horas del día en los aspectos más mundanos. En esta escena, Fígaro y Susanna preparan las cosas para su boda. Mientras el mide el espacio para la cama nupcial ella coquetea con el sombrero. Es lo que yo llamo una canción de andar por casa, la cual puedes escuchar muchas veces sin cansarte, una canción de bolsillo, en contraposición a canciones más sublimes y sensibles, pero claro, no puedes emocionarte continuamente, esta canción  es como la justa medida de la vida.

   Retomando la ópera en La Palma, es un lujo anual que ni siquiera algunos otros lugares más grandes tienen. Animo a todo el mundo que tenga un mínimo de interés a que acuda. Los precios son relativamente económicos y bien merece la pena. Al que piense que es un  arte elitista, que sepa que no lo es tanto, la ópera en La Palma es muy popular, vamos, que no tienes que ir trajeado, aunque hay personas que van muy elegantes y da gusto verlos, pero cada cual es como es, aquí no hay problema. A los que piensen que es un arte refinado, tampoco lo es tanto, es un arte elevado,  si, pero puede ir cualquiera, solo es sentarse y dejarse llevar y disfrutar, más de uno se sorprenderá, más de uno estará unos días soñando, y más de uno repetirá.  

   Desde aquí quiero felicitar a todos los que hacen posible esta representación operística año atrás año. En especial a la Asociación Cultural Amigos Palmeros de la Ópera (ACAPO), los cuales realizan un esfuerzo y trabajo desinteresado y encomiable, altruista y noble,  acercando a muchas personas de la isla, tanto a entendidos como a profanos,  las bienaventuranzas de la ópera. Haciendo un esfuerzo máximo en estas épocas de crisis, donde a menudo la tijera del recorte lo primero que suele podar son  las hojas de la  cultura… tenemos la suerte, de que entre otros, ACAPO, lucha porque así no sea. Muchas gracias por ello y ojalá podamos disfrutar mucho tiempo lo que con cariño y mimo nos preparan cada año: un auténtico lujo operístico al alcance de todos.

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