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Manual de subsistencia para una isla desierta
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Teleñecos

 

En los funerales de Estado con que el otro día, a la vista de todo el mundo, se tramitó la despedida oficial a Adolfo Suárez, hubo un momento en que se dejaron fotografiar juntos, de pie y dándose la mano, los expresidentes españoles Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero junto al actual, Mariano Rajoy. Parecían fuera de lugar bajo la sombra del homenajeado, sin duda incómodos al hacerse compañía mutuamente, como niños ruines con caras de santitos esperando que nadie se percate del alcance de sus trastadas ni de la verdadera naturaleza que bulle en sus entrañas. Hace tiempo que tiraron la piedra y escondieron la mano, incluso Rajoy, y como aún confunden la Historia del presente -libro abierto en que se consignan hechos recientes que no tienen vuelta atrás- con el presente histórico -mero recurso literario con el que se intenta abolir las distancias impuestas por el paso del tiempo-, siguen creyéndose importantes y hasta necesarios.

Pobrecitos. Alguien tendría que acercarse a ellos para decirles al oído que se dejen de poses, que los ciudadanos de este país han aprendido a base de cogotazos que los presidentes y los ministros no son más que teleñecos en manos de los poderes fácticos de las altas finanzas, títeres que impostan la voz para cumplir con el rol que se les haya asignado desde las alturas que ni ellos mismos conocen. Sólo hay que ver cómo se les busca acomodo, tras la jubilación, en un limbo de prebendas y puestos simbólicos en consejos directivos o consultivos, públicos o privados, para que puedan cobrar en metálico el precio -muy bajo, una ganga- por el que han vendido su alma al diablo.

No voy a afirmar aquí, ni en ningún otro sitio, que Suárez fuera un hombre perfecto, ni siquiera un modelo (los virtuosos no suelen sobrevivir a los frangollos cortesanos), pero no encuentro ningún motivo para meterlo en el mismo saco que a estos otros cuatro teleñecos. ¿Por qué Suárez fue expulsado, en contra de su voluntad, de la vida política? Quizá porque no estaba relleno de estopa ni de paja. ¿Por qué Suárez no se hizo ricachón cuando abandonó el puesto de avanzadilla? Quizá porque había sido expulsado de la vida política debido a que no estaba relleno de estopa ni de paja. ¿Por qué Suárez se mantuvo apartado y en silencio (y no me refiero a los años de enfermedad) después de hacer mutis? ¿Por qué la última entrevista que le hicieron (en la que declaraba sentir vergüenza por los derroteros de las clases dirigentes) no fue publicada hasta hace un par de semanas? Hagamos las preguntas que nos hagamos, la respuesta nos lleva a la evidencia de que al parecer no estaba relleno de estopa ni de paja. De ahí que la gente en general, a pie de calle, lo haya reconocido, al menos horas antes de enterrarlo, como un personaje a tener en cuenta en el futuro, alguien que en cierto modo pudo mostrar, sobre todo en su lenta caída, que toda regla tiene una excepción.

 

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