Las tarjetas de visita representan arcaicas formas de presentación social que en la actualidad, con la omnipresencia de los dispositivos electrónicos, van perdiendo gran parte de su sentido. Sobre todo se han mantenido en el mundo de los negocios para establecer contactos directos mediante el posterior uso del teléfono o del tradicional sistema de correos. Hay quienes las utilizan de tarde en tarde, a título personal, y hay quienes constantemente recurren a ellas en representación de la empresa para la que se trabaja. En general simbolizan los deseos y las necesidades de superar barreras físicas o burocráticas a base de apretones de mano que trascienden con una elemental muestra de cortesía, si no con un simple remedo de cordialidad. En fin, las tarjetas de visita reducen las identidades y las intenciones inmediatas de sus portadores, como si vinieran a decir, en pocas palabras, "hola, qué tal está usted, tanto gusto en conocerlo, este es mi nombre y estas son mis señas, y punto pelota".
En las últimas semanas hemos descubierto que la cúpula de CajaMadrid establecía para sus directivos y altos consejeros el privilegio de llevar en el bolsillo una tarjeta de presentación -plástico resistente con banda magnética al dorso- que, en esencia, equivalía al ábrete sésamo de la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones. En ella, añadiendo su correspondiente asignación mágica de unos dígitos que adquieren relieve en el tacto, se inscriben las líneas maestras que definen la personalidad del portador: "este es mi nombre y estas son mis señas personales: avaricia, prepotencia, sinecura, inmunidad, impunidad, perfidia, traición, egoísmo, hipocresía, conchabanza, ultraje, gandulismo, mendacidad, cobardía, superficialidad, envanecimiento, materialismo, prerrogativa, pillaje, babosería, disimulo, insensatez, desmesura, alevosía, enchufismo, malversación, encubrimiento, inmoralidad, clasismo, componenda, injusticia, exceso, frivolidad, mamandurria, atropello, parcialidad, desfachatez y punto pelota".


Ya lo dice el refranero: la mentira tiene las patas muy cortas y al pájaro se le conoce por la cagada.
El aspecto que más impresión me causó el asunto de las "tarjetas de marras" fue el contemplar que la flor y nata del avenido matrimonio de "empresarios y políticos", pues en el Consejo de Administración de una potente Caja de Ahorros, va el poder político colocando a sus más útiles espadas, pues no…
El aspecto que más impresión me causó el asunto de las "tarjetas de marras" fue el contemplar que la flor y nata del avenido matrimonio de "empresarios y políticos", pues en el Consejo de Administración de una potente Caja de Ahorros, va el poder político colocando a sus más útiles espadas, pues no…
Muy bien expresado: estamos en el país de los sivergüenzas
Muy bien expresado: estamos en el país de los sivergüenzas
Don Anelio, con semejantes atributos, es difícil encontrar el punto para sus pelotas. ¡Qué barbaridad: sin necesidad de recurrir a los americanismos de la última edición del RAE!
Don Anelio, con semejantes atributos, es difícil encontrar el punto para sus pelotas. ¡Qué barbaridad: sin necesidad de recurrir a los americanismos de la última edición del RAE!
Era la ensoñación gamberra que teníamos los adolescentes,cuando,cargados de hormonas y "pre-hombria",deseábamos el Paraíso musulmán... Una tarjeta sin fondos,para el hedonismo sin reparo... Recuerdo que,no acabamos de creerlo;era un pensamiento quimérico. Solo para soñar despierto,y sentirnos mas…
Era la ensoñación gamberra que teníamos los adolescentes,cuando,cargados de hormonas y "pre-hombria",deseábamos el Paraíso musulmán... Una tarjeta sin fondos,para el hedonismo sin reparo... Recuerdo que,no acabamos de creerlo;era un pensamiento quimérico. Solo para soñar despierto,y sentirnos mas…
Don Anelio, y mas que el gasto de esos 15 millones de euros, que por si solo merecen esos calificativos, es que las dichosas terjetitas fueron diseñadas para comprar las voluntades de todos esos consejeros(?), y que llevaron a esas entidades a la ruina, con agujeros de miles de millones que motivaron el rescate…
Don Anelio, y mas que el gasto de esos 15 millones de euros, que por si solo merecen esos calificativos, es que las dichosas terjetitas fueron diseñadas para comprar las voluntades de todos esos consejeros(?), y que llevaron a esas entidades a la ruina, con agujeros de miles de millones que motivaron el rescate…