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La tendedera
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La Virgen de las Nieves sobre el barco

La Virgen en el Barco.

Las pasadas jornadas celebradas con ocasión de la solicitud de declaración de la Bajada de la Virgen «Patrimonio Inmaterial de la Humanidad» dieron pie a una reflexión abierta ante la sociedad palmera de lo que han significado, durante más de tres siglos, estos singulares festejos en Santa Cruz de La Palma. Reflexión y estudio dirigidos a conseguir un mismo fin.

Ese día que la UNESCO proclame la lustral fiesta Patrimonio de la Humanidad habrá en la isla jolgorio alegre, satisfacción de siglos y reconocimiento a miles de anónimos colaboradores. No habrá ni un solo nombre propio que sobresalga sobre otros.

Desde hace años es conocida nuestra reivindicación manifiesta de que la Virgen de las Nieves suba a su barco en la representación del "Diálogo entre el Castillo y la Nave", el domingo grande. Por mi edad jamás lo he visto (como tampoco otros tantos palmeros y visitantes), pero, sin duda, debe ser un momento de máxima emoción y de profunda significación, más si tenemos en cuenta el fondo literal que encierra a este propósito el propio texto de la obra. Como decía, nunca lo he visto, pero así fue.

El recordado etnógrafo palmero José Pérez Vidal (1907-1990) escribe en un especial de "Diario de Avisos" de 1945 dedicado a la Bajada de la Virgen: "En el día de la conducción de la Virgen a Santa Cruz de La Palma, al llegar la procesión junto al navío, se coloca la imagen en la cubierta de éste y, hecho un solemne silencio, comienza el diálogo". En este mismo periódico se publica una foto con la Virgen sobre el barco, que debe corresponder a la edición anterior, 1940. Y justamente en este último lustro se inauguró la nao "María" actual, sustituta de otros tantos buques que en el pasado "anclaron" en el margen meridional del barranco.

En los versos del "Diálogo" (escrito por A. Rodríguez López para la Bajada de 1875) encontramos referencias a la carga especial que porta el personaje del Navío, que en la obra aparece en busca de tierra firme en la isla de La Palma: "Traigo a mi bordo al pueblo palmesano un tesoro sagrado y soberano […] que altos misterios en mi viaje escondo, / y que a mi bordo una doncella pura/ conduzco de simpática hermosura".

En 1955 "Diario de Avisos" publica dos interesantes artículos de Juan Hernández Ramos alias Juan Morriña, una de las personas responsables de esta peculiar y extraordinaria manifestación festiva durante muchas ediciones. Todavía hoy, hablar del "Diálogo entre el Castillo y la Nave" obliga a recordarlo.

En ambos trabajos, Hernández Ramos muestra su disconformidad con el emplazamiento elegido en 1940 para reubicar el barco de la Virgen, propone algunas soluciones y razona sus motivos. Sin entrar detenidamente en ellos, al no ser éste el objeto de este trabajo, conviene, no obstante, recuperar algunos de sus párrafos más clarificadores:

"un barco construido para el "Diálogo entre El Castillo y la Nave", y al fin para el mejor lucimiento de nuestras fiestas, en cuyo diálogo se dice que se trae la Virgen abordo, los ecos de dicho Diálogo se pierden, principalmente, sobre el Parque de Recreo y Barranco de las Nieves; y la Virgen, por las enormes dificultades de la subida a bordo, permanece en el Barranco, dando lugar a que la masa imponente de asistentes que se estaciona en la Alameda y calles adyacentes no se enteren de uno de los números principales del programa de fiestas, en esta Isla de tan honda y tradicional raigambre marinera".

"Morriña" propone entonces algunas soluciones, hoy totalmente superadas por nuevas técnicas:

"Dispuesto así el acceso de subida al Barco, por el norte, a continuación el espacio de cuatro metros cuadrados, para altar de la Virgen, e inmediato al mismo por el Sur, la otra escalera de descenso. Igual a la anterior, que nos dejaría frente al kiosco, tendríamos que el día de la Bajada de la Virgen no se vea obligada a permanecer en el barranco, junto a la tierra, como le sucede hoy en día sino que podría ascender, por una amplia escalinata, hacia lo alto, más cerca del Cielo, lugar ideal donde preferentemente nos la imaginamos. Después de haber utilizado la escalera norte y colocada en su altar correspondiente, la tendríamos abordo, a Ella y a las Autoridades, perfectamente de acuerdo con el Diálogo, al estar orientado el Barco, conforme al rumbo que, últimamente, dice traer, popa al norte y proa al puerto de la Ciudad".

Y concluye:

"Terminado el Diálogo descendería por la escalera Sur, sin desagradables maniobras de retroceso de ninguna clase, como se vio obligada a efectuar la primera y creo única vez que entró a bordo del actual, con el consiguiente retraso para las demás ceremonias que tienen lugar en el citado día".

Estas líneas señalan, a nuestro entender, el primer y último lustro en que la Virgen subió a la nueva nave: el de 1940, en el año de su estreno, en la mañana del domingo 7 de julio, según se anunciaba en el programa y según recogió luego la reseña periodística:

"Este lustro -explica la redacción de "Diario de Avisos" en su edición de 8 de julio de 1940- se ha cumplido por vez primera en el historial religioso de La Palma aquellos versos del diálogo entre el Castillo y la Nave que dicen "Traigo a mi bordo al puerto palmesano…" pues la Virgen de las Nieves estuvo ayer a bordo de su barco en tanto se desarrollaba el simbólico y tradicional diálogo".

En nuestra investigación documental, especialmente a través de las monografías publicadas y de la prensa insular, no encontramos otras referencias, a excepción de las que ya hemos citado. Extremo éste que nos hace dudar si realmente fue así, pues no entendemos cómo un instante tan emotivo y espectacular no aparezca recogido en las a veces detalladas crónicas de la Bajada.

Sea como fuere, las fiestas van evolucionando según los tiempos y las propuestas de sus artífices. En la Bajada de la Virgen contamos con varias evoluciones dentro de los números tradicionales. A modo ilustrativo, valgan los dos ejemplos siguientes. El Carro anunciador fue, como su nombre indica, representado sobre una carreta tirada por bueyes, que recorría las calles de la población; luego, los bueyes se sustituyeron por un vehículo a motor y, por último, el espectáculo se llevó a un escenario fijo. Los Enanos bailan por primera vez delante de la imagen de la Virgen en 1985, dando así un paso decisivo en su conversión en una danza ritual a la Virgen de las Nieves, dejando a un lado su faceta como manifestación de jolgorio popular.

 

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