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El Cabildo insta a la población a que informe a las Agencias de Extensión Agraria de cualquier foco del pulgón negro de la madera

Pulgón de la madera.

La Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo de La Palma, que dirige José Adrián Hernández, ha hecho un llamamiento a la población para que cualquier foco que se detecte del pulgón negro de la madera (Pterochloroides persicae), una plaga que se ha descubierto recientemente en la isla, se comunique en la menor brevedad posible a la Agencia de Extensión Agraria más próxima.

Desde la Consejería advierten que los ataques iniciales de estos pulgones no son fáciles de detectar, ya que se mimetiza muy bien en el tronco o rama del árbol, por lo que hay que ser minucioso en su búsqueda. Señalan además que si bien el control de esta plaga no es complejo, cuanto antes se actúe será mejor.

En este sentido, indican fuentes técnicas de esta área de la Corporación Insular, que existen diferentes productos fitosanitarios autorizados para el control del pulgón en frutales de hueso, además de varios productos compatibles con la producción ecológica, que a su vez son respetuosos con los enemigos naturales que también ayudan al control de esta y otras plagas. Sostienen además que es fundamental mantener una correcta nutrición del cultivo, sobre todo evitando aportaciones excesivas de fertilizantes nitrogenados que se han demostrado que fomentan el ataque de esta y otras plagas.

El pulgón negro de la madera es originario de Oriente Medio y fue detectado por primera vez en España en 1994, en la zona sur de la Península, sobre almendros, de donde se ha extendido hacia el este y centro.

En Canarias se cita por primera vez en la isla de Gran Canaria, en julio de 2015, también sobre almendros, para posteriormente aparecer en Tenerife en junio de 2018, en este caso sobre almendros y melocotoneros. En la isla de La Palma se ha citado por primera vez en la zona de Villa de Mazo el pasado día 25 de mayo, si bien se sospecha que su presencia se remonta a varios meses atrás.

Se trata de un pulgón de tamaño grande, pudiendo alcanzar dimensiones de hasta 4,2 mm, con cuerpo de color marrón oscuro a negro, en el que se presentan manchas claras en forma de bandas. Tiene las patas muy desarrolladas, lo que le confiere un aspecto semejante a una pequeña araña. Ataca principalmente a frutales de hueso como el almendro, ciruelo, albaricoque, melocotoneros o  durazneros, viéndose afectados en menor medida algunos frutales de pepita como el manzano, peral y el membrillero. Hay citas de su presencia ocasional en cítricos e higuera.

Prefiere situarse en las ramas más gruesas en los árboles adultos y en el tronco en el caso de árboles de menor edad, priorizando las zonas más sombreadas en donde forman densas colonias que se alimentan de la savia del árbol, pudiendo debilitarlo hasta el punto de provocar la caída de las hojas y llegando a secar ramas afectadas de ataques severos.

Un efecto secundario del ataque de esta plaga es la presencia de fumagina o negrilla, un hongo que se desarrolla sobre la melaza producida por el pulgón, que cubre las hojas impidiendo que estas realicen la actividad fotosintética con normalidad. Es usual encontrar bajo el árbol áreas pegajosas de color negro producidas por la caída de la melaza junto a la fumagina al suelo. Como en el caso de otros pulgones, existe una relación de mutualismo con las hormigas, alimentándose estas de la melaza producida por los pulgones a cambio de dispersar la plaga llevándola de una rama a otra o incluso a árboles diferentes y protegiendo además a su aliado del ataque de sus enemigos naturales.

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