
Esta foto de Ángela María Concepción Hernández, de ‘’la Venta de Irelda’’ en el barrio de La Galga, ha ganadora del I Concurso de Fotografía Turística ‘’Turisfoto Puntallana’.
Ángela María Concepción Hernández, con su fotografía de ""la Venta de Irelda"", en el barrio de La Galga, ha resultado ganadora del I Concurso de Fotografía Turística ""Turisfoto Puntallana"", convocado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Puntallana a comienzos del pasado verano.
El jurado, que estuvo formado por Alicia Vanoostende, consejera de Turismo del Cabildo Insular; Dominic Martín Dahncke, fotógrafo; Marten Van Dijken, fotógtafo, y Héctor Pérez Rodríguez, también fotógrafo, acordó por unanimidad conceder el primer premio a esta fotografía, que retrata el día a día de la última Venta que se conserva en el municipio, concretamente en el barrio de La Galga, un negocio familiar que hace las veces de venta de víveres y cantina junto a la ermita de San Bartolomé.
Asimismo, también resultaron premiadas las fotografías de Nerea Ortega Zamora y de Yohana Desirée González Castro, con el 2º y 3º premio respectivamente.
Desde la Concejalía de Cultura agradecen la buena acogida y aceptación de este concurso en su primera edición, con un total de 19 participantes y 57 obras presentadas que podrán ser visitadas a partir del día 13 de octubre en la exposición que se habilitará en la Sala de Exposiciones de la Casa de la Cultura.
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Pepino
Creo que el turismo esta mal enfocado en la isla
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Chonita
¿Esto tiene algo que ver con el turismo? Si se fijan bien en la foto, esta mal hecha. Mal centrada y cae hacia la izquierda.
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reclin
¿Cumple la foto ganadora con las bases respecto a la resolución mínima exigida? lo dudo
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Pintao
Como el tema va de turismo, al ver la foto y reconocer la venta, se me ocurre sugerir algunas "rutas turísticas", que una vez jubilado y con tiempo de sobra, se me ocurre hacer cuando me entra en gana de vez en cuando para matar el tiempo.
Son placeres sencillos, al alcance de cualquier bolsillo y según he podido ir cogiéndoles el gusto, una delicia.
Uno de ellos. Partiendo de mañana desde La Ciudad, desandas las Vueltas de San Juanito y terminas contemplando el magnífico paisaje desde el mirador de San Bartolo. Según esté el tiempo, el paisaje varía, y a mi se me antoja que es el punto desde donde su puede contemplar un paisaje casi calcado de Madeira, pero mejor conservado. A continuación haces una parada para desayunar en la Venta de Irelda y vuelves a La Ciudad con ánimo sosegado y tranquilo.
Otro pudiera ser hacer un recorrido parecido hasta Los Llanos. Desayunar el La Plaza en el Kiosco o en el Bar Edén, ahora si, leyendo la prensa del día y viendo el bullicio que se me antoja tan diferente a La Ciudad, quizás son manías mías.
Después de degustar un magnífico desayuno con las minitortillas del Edén y un café con leche, la vuelta se produce experimentando la misma paz interior que si hubieras hecho una larga sección de yoga.
Otro vuelta recomendada aunque para hacerla algo más tarde, es tirar por la solitaria ruta de Mazo y Fuencaliente, que le he ido descubriendo, yendo con calma, una luminosidad especial, con la Gomera siempre en el horizonte. También el cambiante paisaje sorprende, pues no tiene nada que ver el monte de Mazo con el malpaís de La Sabina o de Tigalate que a su vez vuelve a dar un giro considerable una ves se enfoca Montes de Luna y el Pinar de Fuencaliente.
Al llegar al pueblo se vira hacia la costa y en quince minutos aparece uno en La Zamora donde desde la cómoda terraza del Kiosko es un deleite dar buena cuenta de un plato de calamares y una cerveza fría, y todo esto con la vista perdida entre los Roques y la costa, de lo que los antiguos llamaban "el mar de las calmas".
Esta vez, el paseo se hace un poco más largo, pero se puede rematar para mitigar la vuelta hasta Los Çanarios, con un café leche y leche acompañado de un almendrado si cuadra.
Aquí, con la mejor de las intenciones, me permito recomendar a quien de vez en cuando experimente la desazón que la jubilación suele de vez en cuando traer con sigo, y naturalmente a falta de otros menesteres que seguro los habrá también.
Nunca mejor dicho, son placeres de poca monta, de andar por casa y que cada uno los realice solo o en compañía de otros. Yo he llegado a la conclusión que es solo, como más los disfruto.
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