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Opinión
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La viña que sepultó el volcán de San Juan/1

Las anotaciones contables sobre el cultivo de una finca de vid, de una extensión de algo más de tres hectáreas, nos aportan curiosos datos sobre los modos y maneras peculiares de obtener vino a principios del siglo XX en la zona de Las Manchas (El Paso).

Son usos y costumbres que forman parte de la rica cultura del cultivo y tratamiento de los viñedos y el consecuente vino. Esta es la historia de unas fértiles tierras de viñedos y su fatal destino al ser sepultadas por la corriente de lava del volcán de San Juan en 1949, como otras muchas.

Los aridanenses Manuel Carballo Wangüemert (1887-1967), y su hermano Antonio, llevaban un control al mínimo detalle de los costes de producción e ingresos por la venta de sus caldos mancheros. Vinos, según testimonios orales, de reconocida fama y alta demanda local por esos años.

Las fechas de las labores de cava, poda, levantada, tratamientos con azufre de la uva en el campo o desinfección de envases, tratamiento del vino con “mutafina”, el empleo de guindas para dar color al mosto, la vendimia con la tradicional comida de pescado salado y boniatos, el precio del vino, la producción anual por angarillas y el resultado final en cuartones, las bajas cosechas por el tiempo “levante”, la levantada de la viña por mujeres, el amontonamiento en el lagar durante dos o más días antes de la pisa, se van recogiendo en estos documentos que conservamos en nuestro archivo particular y por último el desafortunado destino de estas fértiles tierras de viñedos sepultadas irremediablemente por la corriente de la lava del volcán de San Juan.

Cada uno de estos pasos, con sus fechas concretas, entendemos, puede ser una aportación, al compararlas con las técnicas actuales, estudiando los modos y maneras del cultivo de la vid y la obtención de vino a principios del siglo XX en la zona de Las Manchas, pago de Alcalá, en el  municipio  de El Paso.

En 1913 se ausentó de La Palma, con destino a Cuba, Manuel Carballo Wangüemert. En estas fechas anota, en la misma libreta contable, y da instrucciones concretas a su hermano Antonio respecto a la viña de Las Manchas. Concretamente le dice: “no te olvides de hacer que Juan arranque toda la hierba que está dentro de la viña nueva y un día de estos ve allá con Pedro para ver la viña, para ir dándole forma y quiero también que Pedro la pode todos los años, sobre todo la nueva”. Por lo que se ve había plantado “nueva” viña o, por el contrario, había puesto más terreno en producción.

Continúa con las instrucciones. “Quiero que anotes todos los años las angarillas que da y los cuartones que resultan para ir viendo el aumento. Esta última cosecha de 1913 dio 20 angarillas y resultaron 40 cuartones”, además de otras anotaciones no relacionadas con la viña, terminaba con: “Nota. Todo esto hay que cumplirlo al pie de la letra, he dicho”. Conservamos la correspondencia desde La Palma con destino a Cuba, y que volvieron a retornar a la isla.

Efectivamente Antonio Carballo informaba a su hermano, residente en Cuba, de los resultados de la viña de Las Manchas. El 11 de septiembre de 1914 le decía: “Según cuentan muchas gentes del campo no recuerdan de un año tan fatal como el presente, figúrate que La Corrala casi siempre pasaba de 20 angarillas, pues este año tan sólo dio 6 y estas no llegaron a 12 cuartones. En Las Manchas la cosecha si no hubiera sido el levante te daría mucho más que el año pasado pero debido a este veremos a ver lo que te resulta cuando se vendimie”. Al año siguiente el temido “levante” volvió por los campos del Valle de Aridane. Antonio le comunica, el 18 de octubre de 1915, a su hermano Manuel que “a pesar del viento levante que hubo en Las Manchas te dieron 17 angarillas que llegaron a 36 cuartones”. Cada uno de los “cuartones” contiene 32 litros.

La propiedad de Manuel Carballo, en Las Manchas, se dotó de una casa-bodega con aljibe, o se hicieron reformas en una más antigua. Los obreros de estas obras “arrancado piedra” y demás por un salario que oscilaba entre tres y cuatro pesetas día, fueron Pablo y Antonio Segundo, Donato Leal, Eusebio Brito, Rafael Ramos y José María Brito. Las obras comenzaron el 7 de abril de 1919 y en las anotaciones concluyen en el 16 de julio del mismo año. Entre los gastos figuran “por 15 días de alquiler un marrón, 4.50”, por el concepto de hacer “el hoyo del aljibe”, “por llevar la madera” y “arrancar piedra”.

A mediados del mes de febrero comenzaba la cava y la poda de la viña. En 1914, el 15 de febrero, se abonó 51 pesetas a 17 peones. Cuatro días después, el 19, a tres peones podando se le pagó 9 pesetas, al día siguiente, también a tres obreros, 7.50, menor cantidad; suponemos fueron menos horas.

El 25 de junio de 1914 se pagaba 20 pesetas “A 5 mujeres levantado viña 2 días”, y en el mismo día a dos “hombres levantado viña”, durante dos días, 12 pesetas. Por igual trabajo, de hombre y mujer, el varón ganaba tres pesetas y la mujer dos. Era momentos de escasez de mano de obra de masculina, y como se ve, las mujeres participaban en las labores del campo. Algo tuvo que ver la emigración a Cuba.

Esta falta de manos de obra de varones se desprende en una carta de la maestra Fernanda Pérez Wangüemert, del 12 de septiembre de 1914, a su primo Manuel Carballo Wangüemert, residente en Cuba, en el que le dice: “De estos Llanos nada de particular que contarte, cada vez más aburrido, creo que esto se va a quedar despoblado…”. Y termina diciendo, que, como consecuencia de lo anterior, “Lo que este año supongo no habrá baile de máscaras por falta de masculinos; más, valiera que de tantos que están muriendo en la guerra, tan tremenda, mandasen unos cuantos para esta isla”.

El azufrado se hacía en diferentes fechas, cuando la viña lo requería o cuando se acercaba las fechas de desinfección de los envases. El 31 de julio de 1914 se adquiría: “1 qql azufre a M. Duque –debía ser Mauricio-, por valor de 13 pesetas. En 1920 se adquiría el 6 de mayo. En 1921, el 10 de junio y en 1922, el 15 de mayo.

Las labores de vendimia llegaban en los últimos diez días del mes septiembre y la más lejana en el tiempo la de 1923, que se efectuó el 26 de octubre. En 1914 se adquiere, el 21 de septiembre, “pescado para la vendimia”. El 25 debió ser la vendimia y se abona a cinco pesetas a Antonio Pérez Remedios “por acarreto de uvas (2 bestias)”.  Dos días después llegaba la pisada con el pago a Antonio el Pelmijo tres pesetas y por la adquisición de mutafina 1.60 pesetas.

Los gastos anotados de la viña; en 1914, ascendieron a un total de 126.00 pesetas. En el mes de noviembre se vendieron, dos garrafones de vino, uno a 7.25 pesetas y el otro a 6.50 –supones que debían tener distintos vinos- que hacen un total de 13.75. Con estos datos se desprende que la venta de vino fue extremadamente rentable para los cosecheros.

La cosecha de 1915 continuó con las mismos modos y maneras de la anterior, aunque algún imprevisto como “arreglar el vino” con carbonato de cal y mutafina.

26 de febrero. A 24 peones para cavar y poda. 72.00. En esta fecha los obreros tomaron dos garrafones de “vino en la cava y poda”.

26 de febrero. A Juana la Jara por llevar el vino para los peones, 1 peseta

26 de septiembre. Con esta fecha se vendimió y dio 17 angarillas. Una angarilla de uvas producía, más o menos, el doble de vino medido en cuartelones.

26 de septiembre. A Juan el arriero por acarreto de las uvas /dos Bestias) 5 pesetas

26 de septiembre. boniatos para la vendimia, 3.00 pesetas

26 de septiembre. Pescado ¼ (anduvo escaso). 2.25

28 de septiembre. Antonio el Pelmijo pisando. 3.00

30 de septiembre. Un paquete de carbonato de cal y mutafina para arreglar el vino (10) cuartones. En un lateral de este último coste económico constar “vino de 1913” lo que da a entender que se trataba del vino de la cosecha del año anterior.

30 se septiembre. Pago a Nicolás por ayudar a arreglar los 10 cuartones vino, una peseta.

1 de octubre. a Baldomero por quemar un garrafón de aguardiente, 1.25 pesetas. Este mismo día hay gastos por pan y “una lata de sardinas para él y Alfredo por acarrear unos cuartones de agua”.

La rentabilidad económica de la vid en Las Manchas por esos años era sumamente elevada. En las anotaciones contables de los años 1914 y 1915 arrojaban un total de gastos de 174.15 se debe, es decir gastos, por 576.45 pesetas de haber, ingresos.

En el haber de esta finca de Las Manchas figuraba ingreso por castañas, debía estar en el mismo predio. El 15 de octubre se pagaba una peseta a Maria Andrea “por coger y traer castañas” y el 20 se obtenía 6.70 “por la venta de las castañas”. El 15 de octubre de 1915 por “la venta de los castañeros” se hacía un total de 17.50 pesetas. Otros productos derivados de la vid se comercializaban, por ejemplo: un garrafón de aguardiente, a 17.00; cuartones de madres, a 3.50 y el garrafón de vinagre, a 4.50.

En la relación de venta de vino en 1916 figuras los siguientes precios: 7 pesetas por un garrafón; por ½ de barril 7.50; un cuartón 11.25; un barril 15.00.

Al año siguiente, 1917, los precios del vino bajaron y se registran por un garrafón, 5.00 pesetas; por un barril, 9.50; por ½ barril 6.00. Sin embargo, en este mismo año a partir del mes de septiembre vuelven a cambiar los precios sin que alcancemos a saber razones. El 10 de septiembre se vende ½ barril “a Mercedes” por 6.00 pesetas; por un garrafón, Wenceslao Gómez, 4.00 pesetas. En 1918 el garrafón se vendía a diferentes precios: en enero a 6.50 pesetas; en febrero a 5.50 pesetas; en mayo a 5.00.

Las gallofas para los vendimiadores por esos años, y en el periodo de los que tenemos datos, no varía el menú. Se componía de pescado salado con boniatos. En 1920, por ejemplo, figuran gastos, el 23 de septiembre, por: ¼  de arroba de pescado, pimienta,  una arroba de boniatos y aceite.

La cosecha del año 1921 aparece muy detallada:

Febrero, 18. A un hombre trabajando con una yunta medio día. 5.00 pesetas

  1. A 4 hombres cavando. 20.00
  2. A 4 hombres cavando. 20.00
  3. A 5 hombres podando. 20.00

Marzo, 4. A 3 hombres cavando. 15.00 pesetas

  1. A 3 hombres cavando. 15.00
  2. a 3 hombres cavando. 15.00 pesetas
  3. A 4 hombres cavando. 20.00 pesetas.

 Junio, 10. por 125 ll azufre. 38.00 pesetas

 Octubre, 6. por 2 litros de mutafina. 6.00 pesetas.

  1. pescado salado y boniatos. 17.25
  2. 4 pisadores. 16.00

                  ½ almud guindas. 5.5O

 En 1923 es la primera vez que aparece la adquisición de guindas, utilizada para dar color al mosto. Por esos días, el 12 de octubre, dudamos que las guindas estuvieran “frescas” y suponemos deberían estar pasadas o en maceración en agua o aguardiente. También se observa, que se adquiere 2 litros de mutafina y el pescado salado y bonito, como en otros años empleados en el día de la vendimia. Lo que cambia si damos por que la mutafina y el pescado se destinaba para el día de la vendimia, es la fecha de la pisa, al contrario de años anteriores, se efectúa seis días después de la vendimia. También en 1921 se realiza seis días después.

En esta finca la pisa se efectuaba dos o seis días después de la vendimia. Con esta observación apuntamos que los cosecheros y fabricantes de vinos, Manuel y Antonio Carballo Wangüemert, debieron utilizar un libro titulado Tratado de la fabricación de vinos en España y el Extranjero, de José Hidalgo Tablada, publicado en Madrid en 1880 –tercera edición-, que poseían en su biblioteca particular y que conservamos o por el contrario era una costumbre de la zona de Las Manchas. Curiosamente el libro tiene manchas rojas-rosa, suponemos de vino, y con marcas de haber sido muy utilizado por su propietario

En el capítulo titulado Amontonado de la uva en el lagar, Hidalgo Tablada, dice “En algunos puntos de España y varios del extranjero, se amontona la uva en los lagares y no se pisa hasta pasados uno, dos, o más días. Esta práctica impulsa el desarrollo del calórico en la masa, en razón de su volumen, y por la acción del oxígeno, según hemos dicho (113). Los principales acerbos se modificaban, y de ese modo se disponen mejor los elementos del caldo que ha de producir el vino. Se comprende que este medio es útil y conveniente en los sitios fríos, y siempre donde la uva no llegara a su complemento, y así se favorece dos cosas: el desarrollo del calor y la materia azucarada”. Continua el autor de este tratado, diciendo que: “Si esto es útil para los vinos tintos, es contrario a los blancos, cuando se desea color claro. En efecto, el amontonamiento de la uva en el lagar, antes de pisarla y después, como se hace en muchos sitios aumenta el color en los caldos tintos y quita a los blancos su color natural si la uva se pisa sin que fermente amontonada”.

Entendemos que esta práctica de amontonar las uvas en el lagar a la espera de ser pisadas, dos o seis días después, coinciden con las indicaciones de la publicación citada, y más cuando en la zona de Las Manchas que corresponde al municipio de El Paso, sobre la carretera general, es mucho más fría que las partes bajas de este mismo pago, fenómeno natural que el autor refiere que es “conveniente en los sitios fríos”. José de Hidalgo recoge que esta práctica de la pisa “tiene lugar a los dos o tres días de echada en el lago” –lagar-, se realizaba en Navarra, La Rioja y Galicia, lugares más fríos que por ejemplo el sur de España.

Este mismo autor apunta los medios naturales que se utilizaban, al menos en el siglo XIX, para dar color a los caldos, entre los que se encontraba el sauco, la orchilla, las moras y la remolacha roja, que “sueltan la materia colorante roja teniéndolas en alcohol y exprimiendo su jugo”. Como ya vinos en La Palma se utilizaban guindas.

Respecto a la utilización de mutafina, a altura de este trabajo, no hemos podido saber sus propiedades exactas y motivos de utilización, bien pudiera ser para arreglar los vinos –como se desprende de los datos referentes al año 1914- o por el contrario era un desinfectante de los barriles.     

En la vendimia del año 1920, también como en la de 1921, seis días después de la vendimia se realizaba la pisa. El 23 de septiembre se adquiere la comida, siempre pescado salado y boniatos, por lo que suponemos que era el día destinado a la vendimia. Al día siguiente, 24, a un peón se le paga 3.00 pesetas por el fregado de las pipas y por 1 litro de mutafina, 4.00 pesetas. El 29, seis días después de la vendimia, se pagaba a dos pisadores. Como resultado el vino debía ser diferente al estar las uvas cortadas, a la espera, y ser pisadas seis días.

En la vendimia de 1922 se reitera los seis días de espera para la pisa:

Septiembre. 28 por 3 almudes de guindas. 9.00

                  ¼ de pescado 3.00

                  ½ qql boniatos. /.50

                  Vendimiaron 17 personas (sobró comida)

Octubre 4. 2 pisadores 8.00 pesetas

 La producción de la viña de Manuel Carballo Wangüemert como dijimos algo más de tres hectáreas supuso, según las anotaciones de la familia, en el año 1913 un total de 20 angarillas igual a 40 cuartones. En 1915, según ya referíamos debido al viento levante, la producción fue de 17 angarillas que se convirtieron en 36 cuartones de vino. En 1916, 51 angarillas que hicieron 110 cuartones. En 1918, 51 angarillas y 102 cuartones. En 1919 registra una baja cosecha con 23 ½ cuartones y  la mayor 1923,  que dio 184 cuartones.

Manuel Carballo Wangüemert continuó con su finca en producción y venta de vinos, según referencias orales de fama reconocida. En 1930 los vinos de esta familia seguían en el mercado local a un precio por garrafón a 12 pesetas y a 31 pesetas el barril. En 1933 el garrafón se pagaba a 15 pesetas y el barril a 25 pesetas. En el mes de octubre, de 1933, los precios subían –debía haber escasear el vino- se pagaba por un garrafón 16 pesetas. Sin embargo, en 1938 –eran años difíciles de posguerra- los precios seguían iguales a 1933 o fluctuaban –suponemos por atención a cliente fiel- entre 15 y 20 pesetas el garrafón. En 1939 el garrafón tenía un precio de 18.00 pesetas. En 1941 el precio del garrafón fluctuaba entre 36.00 pesetas y 40.00 pesetas.

Continuará

 * Cronista Oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002),  miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009).

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