
Durante mucho tiempo, hasta menos de una década, hacer cine en Canarias significaba enfrentarse a un panorama mucho más duro del que nos encontramos en la actualidad. Hoy existen productoras, multitud de cineastas y técnicos, asociaciones, instituciones regionales e insulares, ayudas, incentivos, centro de formación, un tejido empresarial creciente y películas canarias que recorren festivales, reciben reconocimientos, se estrenan en cines y se venden en televisiones y plataformas.. El escenario ha cambiado. Y precisamente por eso también han cambiado las preguntas.
El Encuentro de Cine Canario, celebrado dentro de Festivalito LAB, la sección de Festivalito La Palma patrocinada por Buendía Estudios Canarias, reunió este lunes en la casa de la cultura de El Paso diferentes generaciones, perfiles y lugares desde los que mirar el audiovisual para mantener una conversación que estuvo lejos de instalarse en la autocomplacencia. Se habló de lo conseguido, pero especialmente de qué hacer ahora con ello.
La conversación arrancó mirando hacia atrás. José Víctor Fuentes, director de Festivalito, recordó que ya en 1926 Canarias asistía a uno de sus primeros hitos cinematográficos. Un siglo después, la mesa permitió observar cuánto ha cambiado la relación de las Islas con el cine y, especialmente, cómo ha evolucionado la posibilidad de construir una trayectoria profesional sin tener necesariamente que desarrollarla fuera.
Ese regreso apareció en la experiencia de Hugo Santa Cruz, que encontró al volver a Canarias puertas que durante su etapa en Londres permanecían cerradas. Pero volver también significó aprender otra forma de hacer cine: recuperar la comunidad, trabajar dentro de ella y entender sus códigos. Una idea que atravesó buena parte del encuentro: una industria pequeña necesita especialmente de quienes la rodean.
Porque junto al crecimiento también apareció una palabra inevitable: precariedad. La pasión por contar historias continúa chocando con la dificultad de sostener una carrera cinematográfica. Arima León habló de esa tensión desde su propia experiencia y de una decisión que resume bien cómo han nacido muchos proyectos en las Islas: convertirse en productora para poder apostar por aquello por lo que todavía nadie estaba dispuesto a apostar.
Rolando Díaz reivindicó otra manera de construir carrera: encontrar los nichos propios y protegerlos. Frente a la aspiración de que una gran estructura recoja necesariamente un proyecto, defendió la posibilidad de preservar la identidad de las historias y recordó el cariño que encontró desde sus primeros pasos en Canarias, ligados también a la formación. En ese ecosistema situó al propio Festivalito, cuyo trabajo calificó de «magistral».
La trayectoria de Ana Sánchez Gijón permitió mirar también hacia una generación que comenzó cuando muchas de las estructuras actuales todavía no existían. Su acercamiento al cine llegó a través de una cooperativa creada para producir, exhibir y distribuir; un recorrido que la llevó a conocer prácticamente todas las etapas del proceso y a presenciar cómo el sector fue creciendo poco a poco.
De hacer películas a construir una industria
Si las experiencias personales mostraron cuánto ha cambiado el oficio, las intervenciones vinculadas a producción, empresas e instituciones permitieron medir la dimensión de ese crecimiento.
Carmen Aguado defendió que Canarias atraviesa un momento especialmente bueno, con talento y herramientas para desarrollar proyectos desde las Islas. Desde su llegada al Archipiélago, explicó, la decisión fue precisamente apostar por proyectos canarios. Pero señaló también una necesidad: divulgar más y mejor las herramientas que ya existen, para que quienes podrían beneficiarse de ellas sepan cómo acceder. En ese crecimiento situó además el audiovisual como una oportunidad para contribuir a diversificar la economía de Canarias.
Una idea en la que coincidió Chano Álvarez, que definió actualmente a Canarias como un hub audiovisual de España. Frente a una época en la que incorporarse profesionalmente al sector podía depender casi de una serendipia, destacó la llegada de nuevas generaciones y el papel que las ayudas y las estructuras desarrolladas durante los últimos años han tenido en ese cambio.
Desde el tejido empresarial, el presidente del Clúster Audiovisual de Canarias, Rubén Zarauza, habló de un momento de especial interés para el Archipiélago, con empresas europeas mirando hacia las Islas y un sector que continúa ganando estructura. También puso el foco en una característica especialmente valiosa para Canarias: la posibilidad de desarrollar una actividad económica con una implantación territorial relativamente contenida.
La evolución también se percibe a escala insular. Cristofer Pérez, desde La Palma Film Commission, recordó que el planteamiento inicial estuvo muy vinculado a atraer rodajes, pero que ese camino ha permitido encontrar también una vía para apoyar a los creadores locales. En La Palma, señaló, los perfiles profesionales han ido creciendo y especializándose al mismo tiempo que aumentaba la actividad audiovisual.
Crecer también significa descubrir los problemas
Fue Pedro Carballido, del Instituto Canario de Desarrollo Cultural, quien puso sobre la mesa una imagen que terminó funcionando casi como conclusión de la conversación: lo que está viviendo el cine canario se parece a hacerse adulto.
Hoy hay financiación pública y existen productoras canarias ante las que un creador puede presentar un proyecto. Hace años, recordó, no existía esa posibilidad, porque apenas había un puñado de productoras. Hoy se producen películas de manera constante, el cine canario viaja a festivales y obtiene premios, y buena parte de ese crecimiento ha sido posible gracias a la inversión realizada desde el Gobierno de Canarias y al impulso de la iniciativa privada.
Pero crecer también obliga a mirar aquello que todavía no funciona.
Uno de los grandes desafíos señalados fue la venta y exhibición de las películas y llegar al público. Ya no basta con conseguir producir películas: hay que lograr que circulen, encuentren distribución y exhibición en salas, televisiones y plataformas, lleguen a espectadores y generen retorno.
Las ayudas públicas, tanto directas como indirectas a través de los incentivos, han resultado fundamentales para alcanzar el momento actual. El cine canario necesita seguir fortaleciendo estructuras públicas y privadas capaces de permanecer más allá del momento actual, fortaleciendo empresas, colaboración, mercado y redes profesionales que permitan sostener lo construido.
Ahí terminaron encontrándose muchas de las miradas de una mesa formada por trayectorias muy distintas: quienes tuvieron que inventarse sus propias estructuras para empezar, quienes regresaron y encontraron oportunidades que antes buscaban fuera, quienes decidieron producirse a sí mismos, quienes trabajan desde las instituciones, quienes trabajan al margen, y quienes están intentando convertir ese crecimiento creativo en tejido empresarial.
El cine canario ya ha demostrado que puede hacer grandes películas.Esas películas, viajan y encuentran reconocimiento en festivales de cine y en la crítica. Ahora aparecen preguntas inevitablemente más difíciles: cómo conseguir una distribución regional y nacional más allá de estrenos esporádicos y anecdóticos, cómo conseguir que encuentren y su nicho de mercado y llegar al gran público, cómo encontrar la colaboración de las salas privadas y públicas de Canarias en un territorio limitado y cómo proteger lo conseguido para que una coyuntura favorable termine convirtiéndose en algo estructural.
Quizá esa sea también la mejor señal de cuánto ha cambiado el audiovisual de las Islas. Canarias ya no está preguntándose si puede tener una industria cinematográfica. Está empezando a enfrentarse a todo lo que significa tenerla.
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