‘Tajogaite’, la herida que no cicatriza un lustro después: «Ahora es lo peor, es una tragedia que vives con ella»

El 19 de septiembre de hace cinco años, mientras muchos canarios se sentaban a la mesa, la tierra se abrió en la zona de Cabeza Vaca, en el municipio de El Paso, tras una crisis sísmica que se prolongó durante varias semanas y que aventuraba una erupción en la isla, heredera de la del Teneguía (1971).

El bautizado como volcán ‘Tajogaite’ –aunque muchos palmeros prefieren referirse a la erupción de Cumbre Vieja– rugió y escupió lava y cenizas durante 85 días dejando a unas 7.000 personas desalojadas, casi 2.000 viviendas, fincas y edificaciones afectadas y daños directos valorados en unos 1.000 millones.

La reconstrucción se ha iniciado aunque va más lenta de lo esperado por las trabas burocráticas y la disponibilidad de fondos económicos, pues el Gobierno central no ha cumplido con los 100 millones anuales comprometidos –solo abonó los 2023– mientras que el Gobierno canario sí aporta 50 millones cada ejercicio y ahora ha logrado, vía ‘Decreto Canarias’, usar 100 millones de su superávit.

«Ahora es lo peor, es una tragedia que vives con ella», resume para Europa Press Fátima Ramos, de la Plataforma de Afectados por el volcán, que perdió su casa en el municipio de Los Llanos de Aridane y logró reubicarse con su suegro en Tazacorte.

Afirma que las ayudas llegaron, tanto para cubrir la pérdida de las viviendas, las segundas residencias y las fincas, pero no es fácil volver a empezar porque los costes de construcción están muy altos, el precio del suelo se disparó y hay poca oferta de vivienda para comprar.

Resalta también que quizás la parte mental no se ha «atendido» del todo bien y al comienzo, muchos afectados iban a «tres sesiones» con el psicólogo y ya se consideraban «curados» y no seguían, pero los efectos permanecen.

«Llega un momento en que te va destrozando también anímicamente», comenta, hasta el punto de que «el volcán no se llevó a nadie» pero sí lo hizo «poco a poco, de tristeza» pues la erupción «acaba mentalmente con uno» y «mucha gente se fue antes de tiempo, hizo que alguna enfermedad corriera más rápido».

No obvia que han sido «años difíciles» hasta el punto de que tardó «unos meses» en pasar por la zona del ‘Tajogaite’ pero es consciente de que vive en unas islas volcánicas y que de alguna manera, habrá que sacar «lo bueno» que pueda tener, más allá de que haya muchos sueños enterrados bajo su lava.

A raíz de la erupción, muchos afectados fueron albergados en hoteles por distintos emplazamientos de la isla y a medio plazo, algunos se ubicaron en casas contenedores en Los Llanos de Aridane y en casas de manera en El Paso, todas de carácter provisional.

CASAS CONTENEDOR Y DE MADERA
El Gobierno de Canarias ya ha retirado 49 contenedores y 5 casas de madera y el Instituto Canario de la Vivienda (Icavi) urge a los que quedan para que busquen su propia alternativa habitacional, dado que ya han cobrado las compensaciones.

Además, se ultima la puesta a disposición de un edificio con 53 viviendas en Los Llanos de Aridane, hay dos edificios en construcción en El Paso que suman 43 viviendas y otro de 34 viviendas en Tazacorte y se ha licitado una promoción de 120 viviendas en Los Llanos.

Igualmente se va a licitar otra promoción de 100 viviendas en Tazacorte y se redactan proyectos 10 viviendas en Mazo, 30 en Breña Alta y otras 33 viviendas más en El Paso.

Marcelino Rodríguez, presidente de la asociación de vecinos de La Laguna, salvó su casa pero perdió un barrio, porque quedó partido en dos y su deseo es que se pueda «volver a unir algún día» aunque reconoce que «emocionalmente», especialmente entre la gente mayor, «está muy complicado».

Valora que las ayudas «están llegando» y que muchos tratan de «rehacer su vida» y lamenta, con cierta nostalgia, que todos se han ido «acomodando» a una normalidad en la que la lucha es cada vez más individual y no colectiva, como fue en un primer momento.

«Es normal, cada uno tiene que ir buscando su camino, su forma de defenderse y su forma de buscar futuro», agrega.

Marcelino afirma que toda La Palma se vio afectada por la erupción, pero «el Valle sufrió mucho», algunos incluso hasta «perdieron el sueño» durante los 85 días que duró.

EL DAÑO «SIGUE AHÍ»
«No dejamos de ver el volcán, el destrozo, el daño, y ese daño está ahí», subraya, hasta el punto de que «duele» cuando viene un turista «y le encanta meterse en una casa destrozada» o hacerse una foto en algún recoveco de la lava.

Admite que no se siente «preparado» para ver el volcán y aunque entiende que de alguna manera «hay que vivir de él» y su posible retorno turístico, aún «duele». «Muchos no saben lo que hay debajo, solo ven la belleza de un volcán, la belleza de ese cráter y la geología», detalla.

Sobre la reconstrucción critica la «picaresca» en la isla de subir los precios del suelo y aunque se han cobrado las indemnizaciones, fabricar ahora es «muy costoso» y solo lo puede hacer quien tiene «mucho dinero».

«Sería muy feo decir que felices somos, yo no lo voy a decir nunca, y creo que algunos que digan que felices somos, que espero que lo digan de boca para afuera porque quieren proyectar que estamos bien, pero que no lo digan de boca para adentro», señala.

Marcelino espera que cuando su generación vaya desapareciendo no quede el volcán «como un negocio» sino que se mantengan el «recuerdo» de lo que se vivió y sintió en Todoque, Las Manchas o La Laguna.

Francisco Rodríguez, presidente de la asociación Tierra Bonita, no sufrió pérdidas patrimoniales pero mantiene una «presión emocional» que no olvida y «mucha rabia» tanto con la gestión de la emergencia como con la reconstrucción.

Critica que las administraciones públicas «prefieren enterrar el volcán» pues apenas hay alguna referencia institucional a los hechos ni a las víctimas cuando se cumple el primer lustro.

EL VOLCÁN, «UNA CATÁSTROFE HUMANITARIA»
«La memoria del volcán es importante porque allí se perdió mucho, el volcán no tuvo pérdidas humanas pero lo consideramos una catástrofe humanitaria», destaca.

Francisco reprocha a las autoridades del momento que no se haya hecho «autocrítica» porque «no hubo evacuación», que no se haya estudiado bien el impacto que tuvo la erupción en la salud mental pues «destrozó» muchas vidas.

«Se escuchaba mucho a la gente y lo que se escuchaba era mucho dolor, mucha angustia, mucha ansiedad, y se escuchaba con el afán de crear un modelo de reconstrucción comunitario pero vinieron las elecciones y no les dio tiempo de hacer nada», expone.

Entonces se cambió el modelo y se optó por la filosofía de «pagar el valor de lo perdido», en línea con la Ley de Volcanes aprobada en el Parlamento de Canarias, pero con un modelo que no es «transparente» porque el Gobierno se niega a publicar quiénes son los beneficiarios y cuanto reciben. «Te damos el dinero y tú te buscas la vida, y eso es el modelo de reconstrucción», indica.

Carga también contra la «insolidaridad» de muchos palmeros que subieron los precios del suelo rústico donde se permite fabricar y sostiene que reconstruir las fincas agrícolas es «muy costoso» y solo lo pueden hacer los grandes propietarios –ya se ha reconstruido más de un tercio de las parcelas–.

El Valle de Aridane aún no recupera la normalidad cinco años después, con parte de los barrios costeros de Puerto Naos y La Bombilla aún afectados por la emisión de gases volcánicos, y un ‘coloso’ de más de 1.000 metros de altura que creó nuevas fajanas y más de seis kilómetros de coladas.

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