El Archipiélago está llegando a un punto de no retorno. No es una exageración retórica; es la realidad diaria de miles de familias canarias que contemplan cómo el derecho a una vida digna se desintegra bajo el peso de la especulación y la desidia política. Vivimos en unas islas ricas con trabajadores cada vez más pobres, un territorio donde el turismo bate récords de beneficios mientras la población local es expulsada de sus barrios.
Ante esta ofensiva contra nuestra gente, la dispersión y el sectarismo político son lujos que no nos podemos permitir. La confluencia histórica lograda bajo la marca Unidad del Pueblo Canario (UPC) es un grito de rebeldía, un dique de contención ante al avance de la ultraderecha y una obligación moral para defender a nuestra tierra.
La cara más cruel de esta crisis es, sin duda, la emergencia habitacional. Conseguir un techo en Canarias se ha convertido en una carrera de obstáculos casi imposible. Los precios de los alquileres están completamente disparados, devorando salarios enteros y desahuciando de forma silenciosa a las familias de los entornos donde crecieron.
Mientras el alquiler vacacional descontrolado y los fondos buitre colonizan nuestras ciudades y pueblos, la vivienda pública sigue brillando por su ausencia. Por eso, ir divididos a las urnas en este escenario sería una irresponsabilidad que solo beneficia a los especuladores. La unidad de la izquierda es una herramienta para plantar cara a este modelo depredador, intervenir el mercado del alquiler, prohibir la compra de viviendas a no residentes con fines especulativos y exigir el cumplimiento estricto del derecho a una vivienda digna.
Pero la batalla no se limita a las paredes de un hogar; se extiende a la totalidad de nuestros derechos sociales. Sanidad pública colapsada, listas de espera interminables en dependencia y una precariedad laboral estructural que condena a la juventud al exilio o a la resignación. Frente al avance de la ola reaccionaria que pretende desmantelar los servicios públicos y pisotear las conquistas feministas y del colectivo LGTBIQ+, la fragmentación es sinónimo de rendición. Cada voto disperso es una oportunidad que regalamos a quienes quieren mercantilizar nuestras vidas.
La Unidad del Pueblo Canario nace con obediencia estrictamente canaria para demostrar que la dignidad de nuestra gente está por encima de cualquier sigla o interés partidista. Es el momento de dejar atrás los desencuentros del pasado y canalizar la indignación de la calle hacia las instituciones. Esta alianza social y política es el motor para rescatar los servicios públicos, proteger el territorio de la masificación destructiva y garantizar que la riqueza que se genera en las islas se traduzca en bienestar para la mayoría social.
No se trata solo de votar; se trata de defendernos. La unidad de la izquierda en Canarias es la chispa para recuperar la esperanza, la certeza de que no estamos solos y de que, organizados y bajo una misma bandera de justicia social, tenemos la fuerza necesaria para transformar el presente y conquistar el futuro que el pueblo canario se merece. ¡Por nuestra gente, por nuestra tierra, unidad y movilización social!
*Miguel Ángel Pulido es candidato al Senado por UPC en la isla de La Palma

















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