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Naturaleza de Sensaciones y Sentimientos
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La cigüeña negra

Barranco las Angustias

Hay personas que viajan por medio mundo para ver un ave así.

Hay días que son tan singulares que no deseas olvidarlos y como mecanismo de fijación a veces incluso como terapia, intentamos compartirlos. Hoy ha sido uno de esos momentos que me ha llevado a salir -por un instante- de mi letargo.

Comenzó como un martes cualquiera con un espléndido amanecer, aunque no tanto como el de ayer. Pero con el regocijo de que era día de excursión con mi cómplice Juan Manuel.

Íbamos hacia el fondo del Barranco Las Angustias, por un tramo que muy pocos conocen (incluso palmeros) y que a veces recuerda lugares idílicos con los que muchos soñamos, sin darnos cuenta de que esas lejanas quimeras también existen en nuestro entorno, son muy pequeñas pero tan radiantes que te hacen sentir la tierra como algo muy especial.

Mientras nos desplazábamos hacia ese vergel, nos fijábamos como meta gozar de la luz, la naturaleza y dejar constancia en forma de fotografías de la existencia de un pequeño saltamontes higrófilo que solo he visto en ese espacio natural. Caminábamos entre grava, cantos rodados y llanos de limos, que a veces se ocultaban entre una vegetación ripícola de berros, sauces, culantrillo, paragüitas, etc. Constantemente nuestro avance era delatado por grupos de banderitas que saltaban entre peneques mientras gritaban un "psuip" bisilábico de alarma que atormentaba a las palomas que agitadas levantaban el vuelo hacia espacios más abiertos. Cada pocos metros y escondido entre la maleza las currucas capirotadas nos regalaban un bello canto constituido por un gorjeo melódico tan hermoso que hace que esta especie sea considerada por muchos como el "ruiseñor" de nuestros campos, circunstancia que hace que le cambien su libertad por un palacio de caña.

Justo cuando llegamos, y aún disfrutando del paseo, una increíble visión -que agita nuestros sentidos- se presenta ante nosotros, a unos escasos veinte metros se alzaba altiva una hermosísima cigüeña negra, que andaba por allí dando buena cuenta de las ranas y larvas de libélulas que existen en las abundantes charcas. Fueron diez, quizás quince segundos de miradas cruzadas. Ella al sentirse observada alzó el vuelo, pero la belleza desplegada fue aún mayor cuando en sus enormes alas extendidas los rayos del sol dibujaban brillos tornasolados que irradiaban sus plumas. Nos quedamos perplejos, aún lo sigo, si cierro los ojos la veo girar en el recodo del barranco seguida por una "pequeña" garza gris.

Fue algo extraordinario, hay personas que viajan por medio mundo para ver un ave así. Exótica y escasa, está incluida en la lista roja de especies amenazadas de la UICN.

Inmediatamente después, alegres corrillos de machos de libélulas azules aprovechaban el momento de huída de la cigüeña para desplegar su vitalidad y jugar entre nosotros al "te la quedas" o bien correr detrás de cualquier hembra que inoportunamente se cruzase en su espacio; de cuando en cuando alguna de ellas hacia un alto para tomarse un "tentempié" a base de mosquitos mientras se soleaba encima de alguna ramita, momento oportuno para inmortalizarlo con una buena instantánea.

Finalmente con la satisfacción de lo vivido bajo un sol de justicia y más de una veintena de especies fotografiadas, regresamos a nuestro cotidiano mundo del puñetero mamotreto, aunque a pesar de todo: ¡Qué bonita es mi tierra! Y que torpes nuestros políticos.

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