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La Plaza
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El Álamo

Le gustaba la Historia. Le encantaba la Enseñanza. Fanático del Barsa. Buen compañero, a decir de sus compañeros. En horas, lo enterrará su familia. Hoy, en mi Instituto, le dedicamos un minuto de silencio. Nada fácil. Créanme que la bulla que genera el trajín diario de un instituto es complicada de acallar, como la marabunta, se traga cualquier otro sonido y más en este dichoso segundo piso. Pues, esta mañana, se escucharon los pájaros. Nada fácil, repito. Tenemos de vecino un taller lleno de ruidos metálicos con el que nos batimos todos los días y, en torno, los coches asedian el instituto como si fuera El Álamo. Sin embargo, escuchamos ese largo silencio bordado de trinos. Bueno, seguramente, esta tarde ganará su jodido Barsa, una despedida que sabrá apreciar. El tipo no se empeñó, pero pasará a su querida Historia por haber intentado proteger a sus alumnos, por defender a la compañera de la clase de enfrente, por estar al lado de las cosas en que creía. Y, sí, también, por haber conseguido, por un minuto, que los pájaros se escucharan en mi Instituto. Mañana, de nuevo en la faena, sus colegas le harán "un duelo de labores y esperanzas", que diría Antonio Machado. Otro grande, como Abel Martínez.

 

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