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La tendedera
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El Castillo de La Virgen

Dos advocaciones marianas y dos "improvisados" castillos. La fiesta y el jolgorio popular crearon en los palmeros la necesidad de construir dos fortalezas para desarrollar los actos en honor de dos Vírgenes, Nuestra Señora de las Nieves (Santa Cruz de la Palma) y Nuestra Señora de los Remedios (Los Llanos de Aridane). Dos castillos que son protagonistas de sendas manifestaciones populares de gran creatividad. Como dijera el periódico palmero El Time en 1870, se trataba de un "fuerte artificial construido ad hoc".

Son castillos sin pólvora y metralla bélica, braman estruendosas salvas y fuegos de artificio en honor y devoción a las respectivas imágenes. No conocemos en la geografía canaria otro lugar donde se hayan construido "improvisados" castillos para la fiesta. Las dos "fortalezas" palmeras, ahora de mampostería, se han incorporado al paisaje urbano y patrimonio inmueble de la isla.

En el siglo XIX se consolidan estas edificaciones efímeras como escenarios en Santa Cruz de La Palma y en Los Llanos de Aridane, destinadas a los festejos de la Bajada de la Virgen y de La Patrona, respectivamente. En esta ocasión desarrollaremos el caso de Los Llanos de Aridane, menos conocido que el castillo de la Virgen de Santa Cruz de La Palma, casualmente construido por la devoción que un aridanense profesaba a Nuestra Señora de las Nieves.

En 1894 en el programa de La Patrona se anunciaba para el 29 de junio repique de campanas, cohetes y salvas "en el improvisado Castillo de la Montaña". Era el primer acto que daba apertura a los festejos en honor a la Nuestra Señora de los Remedios, representada en una talla de origen flamenco. Así fue en 1894 y, con toda seguridad, mucho tiempo atrás.

El estruendo del cañón era consustancial con las fiestas y por ende de La Patrona. En 1851 en los libros de fábrica de la parroquia de Los Remedios constan varios gastos en concepto de "rama, leña para las hogueras, pólvora y gratifi­cación a los que trajeron la rama para la misma función de la Patrona". Pólvora que debió estar destinada a los cañones del por entonces "improvisado castillo".

Los cañones que se encontraban sobre la montaña Tenisca también se utilizaron para regocijos civiles. En 1868 se le concedió el título de Villa a la hoy ciudad de Los Llanos de Aridane y serían "las 5 de la tarde del 15 del corriente cuando el estampido del cañón, repique general de campanas, el aire sembrado de cohetes y la banda de música de aficionados, anunció a los habitantes de esta población que el Gobierno de S. M. se había dignado elevar a la categoría de Villa al pueblo de Los Llanos, a la segunda población de esta isla, comenzando desde hoy una nueva historia en el catálogo de los pueblos". Era las salvas de los cañones los que anunciaban al pueblo la buena nueva.

El Ayuntamiento, depositario del voto perpetuo de los vecinos a su Patrona, adquiere en 1896 "Pólvora para las cámaras de los cañones". No obstante, también la parroquia tenía sus gastos propios en los festejos; valga, por ejemplo, esta noticia: en 1889 compró a cargo de la fábrica "cuatro docenas de tronadores, tres ruedas y una libra de pólvora para las Fiestas de la Patrona".

Los años fueron corriendo y el "improvisado castillo" de la Virgen continuaba siendo un referente de las fiestas de La Patrona. En plena II República (1935) continuaba estando presente: "A las 6 de la mañana, el cortejo anunciador de las fiestas y la Banda Municipal recorrerán las principales calles de la población. A las 12, el tradicional Castillo de La Montaña hará las salvas de costumbre". Para la víspera se anuncia que a "las 12 de la mañana el Castillo romperá nuevamente el fuego haciéndose numerosísimas salvas" y después del recorrido procesional "A las 9,30, como fin de fiesta tendrá lugar en la Plaza de la Libertad un monumental Paseo, quemándose gran profusión de fuegos artificiales en el Castillo de La Montaña".

La Guerra Civil no paralizó los festejos patronales. En el programa de 1938 estaba previsto "Repique de campanas, cohetes y salvas, anunciando la salida desde la Casa Ayuntamiento, de la bandera que será llevada procesionalmente por las Autoridades locales y Jerarquías del Movimiento hasta el Castillo de la Montaña en el que se izará"; en ese mismo día se había bendecido la bandera de la Virgen.

El viejo castillo "improvisado" de la montaña Tenisca ocupó a generaciones de aridanenses que participaban en su construcción. Palos, cartones, cañas, papel, viejos fardos encolados con cal, banderolas, rama, pintura de enjabegar… y, cómo no, cañones y pólvora. Por la entonces desierta y despoblada montaña se veía subir a las gentes a preparar el viejo y "tradicional" castillo de la Virgen.

A finales de los años cuarenta surgió la idea de construir un castillo de mampostería. El recordado odontólogo Antonio Gómez Felipe (1900-1966) fue el gran impulsor de la idea, además de ceder los terrenos familiares necesarios. El diseño elegido reproduce la forma de un viejo reloj de sobremesa perteneciente a su familia. El proyecto fue redactado y diseñado por el aparejador José Antonio Santos (una copia de los planos y el pequeño reloj aún hoy se conservan).

El programa de La Patrona da cuenta de la bendición del nuevo castillo de la Virgen, recogiendo para el 28 de junio de 1950, a las 7 de la tarde, "La Bandera de la Virgen será conducida desde la parroquia Matriz, al castillo de Ntra. Señora de los Remedios, con acompañamiento de Autoridades y la Banda de música. Seguidamente se procederá a la bendición del castillo, de reciente construcción, en el mismo lugar donde se ha venido situando tradicionalmente".

Ese mismo día, 28 de junio, dirige un oficio el director de la Compañía Construcciones y Obras S.A., en el que se pone a "la absoluta disposición" del Ayuntamiento "el Castillo construido por dicha empresa en la Montaña de Tenisca". En fechas posteriores, el pleno municipal acuerda por unanimidad "hacer constar el más sincero agradecimiento a la empresa Construcciones y Obras S.A. por esta labor tan desinteresada, en beneficio de este municipio".

En estas fechas, que coinciden con las fiestas de La Patrona, el Castillo de la Virgen, recientemente remozado, luce sus mejores galas, ondeando ya la bandera de la Virgen y las insignias de otras instituciones. Allí permanece viendo el discurrir del tiempo aridanense, en la cima de la montaña, donde ha estado siempre. Vigía del municipio, del pasado y del presente. Ésta es la historia de un castillo construido por y para la fiesta, la de La Patrona.

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