
Cazoletas rituales frente al Bejenao
El paisaje de la isla de La Palma es especialmente montañoso por lo que, de alguna manera, más que cualquier otro elemento de la naturaleza, debió marcar la cosmovisión insular tanto desde el punto de vista funcional (la utilización y/o aprovechamiento del espacio) como simbólico (identidad cultural) de gran poder de convocatoria para la comunidad.
En todos los tiempos y para la inmensa mayoría de los pueblos del mundo, la montaña ejerce la mayor atracción mística como lugar de residencia de los dioses, como deidad en sí misma o como emplazamiento de los más importantes templos. Es normal encontrarla con un buen número de significados según las culturas: la montaña en los relatos cosmogónicos y legendarios, la montaña como morada de espíritus, la montaña como residencia divina, la montaña del mundo, la montaña como lugar de culto, la montaña personificada y objeto de culto.
Entre las concepciones mágicas de las poblaciones bereberes, la montaña es el elemento natural intermediario entre la tierra y el cielo, lugar de celebración de los principales rituales. De este modo, el concepto de montaña entra dentro del simbolismo de la ascensión y tiene carácter múltiple, ya que participa de la idea de centro. Es vertical, elevada, se aproxima al cielo y participa del simbolismo de la trascendencia. De una forma general es a la vez centro y eje del mundo.
Nos encontramos ante un tema verdaderamente inagotable, ya que los atributos tradicionales de la montaña son innumerables y cada uno de ellos necesitaría de un repertorio de comentarios y precisiones infinito. La montaña sagrada es un símbolo con carácter universal y muchas son las religiones que tienen una cumbre santa donde fue creado el mundo, donde habitan los dioses, donde se les rinde tributo o donde el cielo se une con la tierra. Quizás por eso, la montaña aparece como el primer santuario y primer altar. Constituye un espacio sagrado, el cual puede estar o no acompañado de un templo. En cualquier caso, la montaña es en sí misma un símbolo del templo, del mismo modo que el templo, cuando se expresa como un amontonamiento de piedras, entre otras formas arquitectónicas, simboliza la montaña sagrada.

Lomo Gordo forma parte de la montaña del Bejenao.
El concepto cosmológico tenía especial relevancia al determinar el rumbo del universo sobre un pilar cósmico donde el cielo se apoya. Los antiguos pobladores de la isla de La Palma supieron plantear una particular visión espacio-temporal a partir de la cual se construye una cosmovisión simbólica, imaginaria y real. Ahora el Bejenao, la montaña más emblemática de la isla de los awara, se hace significante, objeto de culto, incluso nos muestra su rostro humano; era un espíritu vivo.
¿Qué significado se le daba al concepto cosmos entre los awara? El cosmos indígena adquiere un principio ordenador de todo lo que existe, estableciendo una armonía que parece oculta, pero está en la naturaleza y es accesible a quien lo comprende. Reúne lo temporal con lo intemporal, lo sagrado con lo profano; esto es, todo lo existente en la realidad y en el imaginario. Se divide en tres capas: tierra, cielo e inframundo. La tierra es el estrato intermedio donde se desarrolla la vida humana, animal y vegetal, cubierta de alimento para la subsistencia y de conexión estrecha con otros seres espirituales que también la habitan. Por lo tanto, deberá tener en cuenta el mito, lo ritual, las ideas simbólicas, el espacio, el tiempo cíclico y la religación como realidad ordenadora del mundo, siendo un universo que se repite y regenera todos los años. Todo esto lo reúne el Bejenao.
Detengámonos un instante en el topónimo Bejenao o Behenauno. Según nos comenta personalmente Ignacio Reyes, desde el punto de vista fonético es consistente (De bex-nawnaw > bexenawno, m. fig. “asno que no vale para nada”) y, a la vez, bastante desconcertante. Se pueden dar varias explicaciones posibles: 1) Que no sea realmente el nombre de la montaña en sí, sino que se perdiera y se le adjudicara alguno del entorno. 2) Que sí lo sea, al menos desde el punto de vista social, con un carácter peyorativo para proteger su identidad sagrada, de manera que la envidia de la gente no le afecte a través de su nombre verdadero. 3) Que sea un nombre tardío, de gente que no aceptaba la calidad sagrada del lugar. Quizá esta última opción sea la más estimada como probable.
La polaridad, la oposición complementaria, continúa Ignacio Reyes, es un rasgo básico de las sociedades segmentarias, muy activo en el mundo amaziq. Con estos factores, hay motivo para considerar siempre con cautela cualquier denominación y no ver de forma mecánica designaciones substantivas en todos los topónimos. Esa polaridad se construye socialmente tanto con solidaridad como con coacción, negación del otro.
¿Cómo interactuaron los awara con el Bejenao? Antes que nada, decir que esta no es cualquier montaña, es la Montaña y remite a una idea de columna del cielo o la que abre las puertas del cielo, siendo una referencia cósmica desde numerosos espacios consagrados con canales, cazoletas y grabados rupestres localizados en todo su contorno, siempre a cotas inferiores a la cima para, de esta manera, religarse con ella.
La portentosa mole del Bejenao es parte del estratovolcán reactivado después del deslizamiento del Valle de Aridane. Su altura máxima es de 1.854 m y está totalmente cubierto por un denso pinar. Se trata de la montaña más venerada por los awara, con importante presencia de estaciones de grabados rupestres (más de 40 lugares, algunos con decenas de motivos como Lomo de Tamarahoya, Lomo Gordo, La Fajana o El Verde) por todo su perímetro medio e inferior, desde El Rodeo, casi llegando a la cumbre, hasta el Barranco Tenisca, Barranco de Hermosilla, El Canal y los lomos que culminan en el Lomo de Los Caballos, a los pies, confinados entre los barrancos de El Riachuelo y Las Angustias.
Su poder de trascendencia abarca un inmenso paraje, de más de 5 km de recorrido, en las Laderas de El Time, incluida la propia vertiente interna del propio Pico Bejenao, concretamente desde la Laja de Los Gatos. Los tramos medios de Las Laderas de El Time concentran los mayores conjuntos continuos de canales y cazoletas sobre la toba volcánica de Canarias, así como otras muestras destacadas de figuras antropomorfas, cúpulas, puertas falsas, cuevas de habitación, sepulcrales y dos sorprendentes cuevas de “estrellas”, no pintadas, sino puntadas sobre el picón, algo excepcional en todo el Archipiélago.

Solsticio de verano
Los antiguos canarios no tenían el poder de gobernar los fenómenos que ocurrían en la naturaleza; sin embargo, creían que ordenando el espacio podían controlar el tiempo. Desarrollaron un sentido de la orientación extraordinario y antropizaron el espacio en aquellos lugares significativos que preparaban para sustentar una conexión directa entre los humanos en la naturaleza y los espíritus de los cuerpos celestes. Perpetuaron una subordinación trascendente a la voluntad de los seres superiores, reactualizada constantemente mediante el rito para invocar la protección divina.
El simbolismo y la espiritualidad lo impregnan todo y toma conciencia de lo sagrado. Nada de lo que aquí sucede es casualidad, aunque no lo podamos entender en su totalidad. El orden de lo sagrado se mostraba a través del comportamiento religioso de repetición del culto de cosmogonía, o sea, del ritual. La repetición de actos cosmogónicos obedecía a los ritmos de la naturaleza cósmica, percibida como tiempo circular. En la antigüedad, el mundo podía ser renovado una o varias veces al año. El ciclo contiene todo un complejo mítico-ritual vinculado al sol, a la luna o a algunas estrellas. Actualmente, ver el sol o la luna salir por el Bejenao es solo una imagen bella de la naturaleza sobre un paisaje espectacular. Sin embargo, hace mucho más de 500 años, en todo el valle que rodeaba al Bejenao, se experimentaba lo más sagrado; representaba el centro del cosmos, siendo la garantía del orden cósmico.
Miguel A. Martín González
(Historiador y profesor)
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