
Hay lugares que sirven para situar una historia y otros que traducen en paisaje lo que sus personajes llevan dentro. Lanzarote en Fragmentos pertenece a los segundos. Tras la proyección de la película en Festivalito La Palma, su productora, Carmen Aguado, desgranó algunas de las decisiones que llevaron a convertir Lanzarote en una pieza fundamental de una historia que habla de relaciones, heridas y de las corazas que construimos para protegernos.
Dirigida por Horacio Alcalá, con guion de Frank Ariza y protagonizada por Emma Suárez, Manuel Vega, Asia Ortega y José Luis García Pérez, Fragmentos nació de un guion basado en hechos reales que terminó adaptándose a Lanzarote. La elección de la isla, explicó Aguado, estuvo especialmente vinculada al personaje de Alba y a la posibilidad de encontrar un territorio capaz de representar también emocionalmente a sus cuatro protagonistas.
El desierto, la roca, la aparente soledad de La Geria o sus viñas dejaron así de ser fondo para entrar en el relato. Aguado se detuvo especialmente en una imagen: esos muros de piedra que rodean y protegen cada vid frente al viento. “Para que viva la viña, tiene que estar ese muro”. Una realidad del paisaje lanzaroteño que la película transforma en metáfora de sus personajes: también ellos han levantado muros para sobrevivir, aunque esas mismas corazas condicionen después su manera de relacionarse.
Hasta una noria trasladada desde escenarios más propios de la Península, encuentra su propia lectura dentro de ese universo: gira y vuelve al mismo punto, como esas relaciones que avanzan, retroceden y repiten dinámicas de las que parece difícil escapar. Las relaciones a las que llamamos “tóxicas” hoy en día. Fotografía, paisaje y música terminan construyendo diferentes capas de una película que, para Aguado, tampoco se ve dos veces de la misma manera. “Dependiendo de cómo me encuentre, me ha hecho reflexionar de una forma u otra”, reconoció sobre una historia que cambia también según el momento vital desde el que se contempla.
Ese diálogo entre cine y territorio adquiere un significado especial precisamente en Festivalito La Palma y en la primera edición de los Premios Cinerama Canarias. Fragmentos, reconocida como Mejor Producción Foránea, ejemplifica otra de las posibilidades que abre el desarrollo audiovisual del Archipiélago: que las Islas no sean únicamente un lugar al que las producciones vienen a rodar, sino un territorio capaz de modificar las historias que llegan hasta él y aportarles identidad, significado y lenguaje cinematográfico.
Y Aguado llevó esa reflexión un poco más lejos. Defendió que el audiovisual canario atraviesa uno de sus mejores momentos, gracias al talento existente, al respaldo institucional y al trabajo de entidades y profesionales que están empujando en una misma dirección. Pero lanzó también una advertencia: conseguir que este momento “no sea simplemente una noche de verano”.
“Es nuestra oportunidad y entre todos estamos creando algo muy bonito”, señaló, poniendo el acento especialmente en la generosidad colectiva que está encontrando dentro del sector.
Una idea que conecta directamente con la apuesta que refuerza este año el Festivalito La Palma a través de Cinerama Canarias: reconocer el cine que se hace desde las Islas, pero también preguntarse qué lugar quiere ocupar Canarias en el cine que está por venir.
Porque quizá el siguiente paso sea precisamente ese: dejar de hablar de Canarias solo como escenario y empezar a hablar, cada vez más, de Canarias como cine.
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