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Opinión
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La gravísima situación de nuestros montes

Antonio Lorenzo Hernández, Catedrático de Fisiología Animal de la ULL.

Václav Havel, escritor y político checo, en una de sus obras “El poder de los sin poder”, afirmaba que la palabra ilumina, despierta, libera y ese es el poder de los intelectuales. También, como escribió José Saramago, las palabras sirven asimismo para engañar, para vender mentiras como si fueran verdad. La lectura de Havel resulta hoy de actualidad porque este ensayo es también una reflexión sobre la necesidad del hombre de vivir en la verdad, de seguir la llamada de su conciencia y alzar su voz contra la mentira. Los políticos con cierta experiencia saben que la inteligente gestión y la moderada reflexión hoy venden poco; sí venden, en cambio, y mucho se aplauden, las mentiras, las noticias falsas, y los mítines exaltados con fines interesados que niegan la evidencia creando incertidumbre, inseguridad e indecisión en los ciudadanos.

La falta de información y la ignorancia de la verdad, respecto a la mayoría de los problemas que hoy afectan a La Palma, entre ellos, los relacionados con el cambio climático, nos crea preocupación, inseguridad e incertidumbre a la mayoría de los ciudadanos. El cambio climático, ya no significa hablar de un problema lejano, es una realidad que está afectando a nuestras vidas y que también tiene consecuencias para La Palma. Uno de los efectos más evidentes es el aumento de las temperaturas. Los veranos son cada vez más cálidos y las olas de calor más frecuentes, aumentando el riesgo de incendios forestales, una de las mayores amenazas para nuestros montes. Esto repercute en nuestra salud, especialmente en las personas mayores. Las personas que hemos vivido varios incendios, recordamos entre ellos, el del 2009, que se inició el 31 de julio en Tigalate y sorprendió durmiendo a los vecinos del pueblo de Fuencaliente, se extendió desde la cumbre hasta el mar. Todos los vecinos fueron evacuados sintiendo gran dolor y angustia, pensando que no podrían regresar a su casas porque éstas ya no existirían.

Lo mismo sucedió con otro incendio en agosto de 2016, donde las llamas también se extendieron desde la cumbre hasta la costa, quemando incluso invernaderos. En esa ocasión a la mayoría de los fuencalenteros nos evacuaron durante cinco días en unas naves cedidas por el Hotel La Palma Princess, a quien, le agredecemos su acogida. Nunca sabremos la incidencia de estos incendios a nivel personal ya que: el miedo, la angustia, la inseguridad y la incertidumbre que se vivió, pudieron provocar alteraciones en el funcionamiento de nuestro sistema nervioso, causando daños psicológicos difíciles de evaluar y de recuperar. Esto hace que cada verano, los vecinos de La Palma que habitan en zonas próximas a los bosques , no puedan dormir tranquilos, no solamente por el calor, sino por la angustia y el miedo que sienten cada noche, reviviendo de nuevo lo sucedido y pensando que la historia podría repetirse.

Cuando se produjeron ambos incendios, los políticos, rápidamente, salieron en los medios de comunicación: televisión, radio y prensa, todos lamentando lo sucedido y prometiendo más inversiones públicas tanto materiales como humanas para proteger los bosques para que esto nunca más vuelva a suceder. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Hoy, los montes están más abandonados que entonces, existiendo grandes cantidades de pinocha acumulada por todas las orillas de las pistas forestales, muchas de ellas asfaltadas, incluso en espacios naturales protegidos. Las pistas asfaltadas, aumentan el tránsito de vehículos, actividades recreativas y con ello, las posibilidades de que se produzcan igniciones accidentales o intencionadas. Si bien, las pistas forestales pueden ser fundamentales para la extinción, porque permiten la llegada más rápida de bomberos, brigadas, vehículos cisternas, etc. En una isla como La Palma, con fuertes pendientes, masas forestales, episodios de viento y una elevada exposición a incendios, en mi opinión, antes de asfaltar una pista, que ya causa un gran impacto sobre el territorio, se debe considerar el riesgo de ignición, y sobre todo, su mantenimiento para eliminar la pinocha, matorrales, ramas secas en sus bordes, etc. , porque esto ayuda a la propagación de los mismos.

Por otra parte, la situación de hoy es mucho peor que la de entonces, ya que las zonas de las medianías dedicadas al cultivo agrícola, están más abandonadas que entonces, llenas de malezas y malas yerbas cada vez más altas y más abundantes, convirtiendo a La Palma en una bomba incendiaria. Desde mi humilde opinión, el Gobierno de Canarias, el Cabildo Insular de La Palma y los Ayuntamientos, de todos los municipios, deben tener una normativa para obligar a los propietarios de terrenos abandonados, a limpiarlos, sobre todo, aquellos que se encuentran en un perímetro cercano a las viviendas.

El principal decreto que regula el traspaso de funciones de la Comunidad Autónoma de Canarias a los Cabildos Insulares en materia de servicios forestales, vías pecuarias, pastos y protección del medio ambiente es el Decreto 111/2002, de 9 de agosto. A raíz de este marco normativo, el Gobierno de Canarias transfirió al Cabildo 21 plazas de Agente de Medio Ambiente. Dos décadas después, la plantilla no ha crecido, ha menguado. Dos de aquellas 21 plazas fueron amortizadas para crear los puestos de director-conservador de los dos parques naturales de la isla, Cumbre Vieja y Las Nieves. Esos cargos nunca llegaron a crearse. Resultado: la isla perdió dos agentes sobre el terreno y no ganó a cambio ni un solo gestor de parque. Dos décadas de “reorganización” que se han traducido, en la práctica, en menos ojos vigilando el monte y la biodiversidad en general.

Hoy, en plena ola de calor, el turno operativo de noche parece ser que cuenta con apenas 22 efectivos para toda la isla: 2 vigilantes de torre, 5 conductores de vehículos de extinción y tres retenes de 5 personas cada uno, que deben cubrir, cada uno de ellos dos o tres municipios a la vez. Y conviene subrayar un detalle que ilustra a la perfección el modus operandi de la institución: según fuentes consultadas, esos quince trabajadores de los retenes no forman parte de la plantilla ordinaria del Cabildo, sino que serían contratados a través de la empresa pública Gesplan exclusivamente para la campaña de verano. El monte, al parecer, solo exige vigilancia en temporada alta, por lo que externalizar su protección nocturna parece ser la solución más cómoda para maquillar la falta de personal del resto del año.

En cuanto a los agentes de Medio Ambiente, la situación es igualmente desoladora: en la actualidad hay operativos, solo 4 jefes de comarca, 1 inspector y 4 agentes, quedando 10 plazas vacías de las 19 que quedaron después de amortizar las 2 que nunca se crearon. Para cubrir turnos de mañana y tarde con parejas de agentes, como exige la normativa de prevención de riesgos laborales, harían falta muchas más personas; sin embargo, el territorio palmero se sostiene hoy sobre apenas 9 efectivos en el terreno y en la mayoría de sus funciones trabajando individualmente.

Las funciones, mientras tanto, no han dejado de crecer: la Ley 7/2023 de bienestar animal, la reforma del Código Penal que otorga a estos agentes funciones de policía judicial, y la Ley 11/2019 de Patrimonio Cultural de Canarias les suman responsabilidades sin sumarles compañeros.

A esa carga se suma un proyecto que avanza en paralelo: se pretende crear dos nuevas reservas naturales y ampliar el parque natural de Cumbre Vieja, precisamente por la superficie afectada por la erupción del volcán Tajogaite. Es una noticia positiva para la conservación, y probablemente traerá consigo más subvenciones y fondos para el Cabildo. Pero esos nuevos espacios protegidos exigirán vigilancia, control y gestión igual que los ya existentes, y todo apunta a que se sumarán a la lista de competencias de los mismos agentes que hoy ya no dan abasto. Más territorio que proteger, más financiación que administrar, y ni una sola plaza más para hacerlo: ese es hasta ahora el plan.

Los ciudadanos nos preguntamos cuáles son las razones para que esto suceda. Aunque las encuestas que leemos en los medios valoran de forma permanente a los políticos como una de las instituciones que genera menos confianza, no comparto esta generalización de que “todos son iguales”, sin distinguir unos de otros. En cambio, sí constato, con más convicción cada vez, que muchos de los que dicen que entran en política para servir a la ciudadanía, en el fondo a lo que realmente aspiran, según sus hechos, es a alcanzar el poder y mantenerse en el por encima de todo.

Los bosques desempeñan un papel fundamental en la conservación del suelo, la regulación del agua, la biodiversidad y el paisaje. Los grandes incendios, tienen consecuencias que van mucho más allá de la superficie quemada. Provocan pérdida de biodiversidad, destrucción de hábitats, destrucción del suelo y graves daños en infraestructuras y explotaciones agrícolas. Después del último incendio en Fuencaliente, (agosto 2016), como consecuencia de las cenizas, las lluvias torrenciales ocurridas al año siguiente, causaron graves daños en las fincas de plátanos, en la zona conocida por el Banco. Por ello la lucha contra los incendios no debería limitarse a actuar cuando el fuego ya se ha iniciado. Es necesario reforzar la prevención en invierno, la gestión de los montes, la limpieza de zonas estratégicas, la vigilancia y la preparación de la población. Sin embargo, nuestros políticos, utilizan el cambio climático solo para hablar de la escasez de agua y la necesidad de instalar desaladoras en La Palma.

No debemos olvidar que el paisaje es uno de los principales activos de La Palma y constituye también un recurso económico. Los espacios naturales, los bosques, los volcanes, el cielo nocturno y la diversidad paisajística forman parte del atractivo turístico de la isla . Por esta razón, la dregradación de los ecosistemas, los incendios forestales o la pérdida de determinados valores naturales tienen consecuencias económicas. La adaptación al cambio climático, debería formar parte de una nueva estrategia política para encontrar nuevas oportunidades en un modelo turístico vinculado a la naturaleza, al senderismo, a la observación astronómica y al conocimiento del territorio. Esta sería la oportunidad para avanzar hacia una isla más sostenible, con un uso más eficiente de los recursos hídricos, una agricultura más adaptada y diversificada.

Un análisis objetivo de esta situación y de muchas otras que estamos viviendo los palmeros, nos demuestran cada vez con más evidencia que la mayoría de los políticos que han gobernado hasta hora la isla de La Palma, no están siendo capaces de resolver y de gestionar con acierto todos aquellos problemas que hoy hacen que La Palma se encuentre en una situación de abandono y desidia. Existe una clara conexión entre la ineficiencia e ineficacia de nuestros gestores políticos y la creciente insatisfacción que están dando origen a un grave desinterés de los ciudadanos por la política. Resulta poco razonable que para cualquier puesto en la administración se exija una oposición, a veces muy exahustiva, pero para ser político y acabar dirigiendo sectores de la Administración Pública, basta entrar en las listas de un partido. Resulta difícil de admitir que los puestos más relevantes para dirigir la sociedad sean desempeñados por personas a las que no se exige la certeza de su honestidad ni la verdad de que poseen, al menos, sentido común.

 

*Catedrático de Fisiología Animal de la Universidad de La Laguna

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