El Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma ha comenzado a instalar doscientos ceniceros de metal en las papeleras de la zona comercial abierta de la ciudad con el objetivo de evitar la proliferación de colillas en las calles.
El concejal de Servicios Públicos e Infraestructuras capitalino, Manuel Abrante, señala que "lejos de ser algo anecdótico, la costumbre de arrojar las colillas de los cigarros al suelo constituye un serio problema de limpieza en nuestras calles, además de su carácter contaminante, por lo que pedimos la colaboración de todos para contar con una ciudad más limpia con el sencillo gesto de usar estos nuevos ceniceros".
















COMENTARIOS (10)
ahorratelos. ya nadie tiene para tabaco
ahorratelos. ya nadie tiene para tabaco
Nada ni nadie torcerá el destino, el que nace cerdo, muere cochino.
Nada ni nadie torcerá el destino, el que nace cerdo, muere cochino.
¡Como no los hayan tornillado, o mejor soldado, me da a mi que durarán un abrir y cerrar de ojos!. ¡Total, como el dinero no es de quien los puso, sino de todos nosotros!.
¡Como no los hayan tornillado, o mejor soldado, me da a mi que durarán un abrir y cerrar de ojos!. ¡Total, como el dinero no es de quien los puso, sino de todos nosotros!.
podian haber puesto 150 y el resto usarlo pa adecentar un poco las papeleras limpieza y pintura solo hay que ver la foto lamentable
podian haber puesto 150 y el resto usarlo pa adecentar un poco las papeleras limpieza y pintura solo hay que ver la foto lamentable
Como en todas las cosas de concienciarse y ser limpio, hay gente que lo usará, hay gente que podrá usarlo, y hay gente que seguirá tirando sus colillas, envoltorios, papeles, etc. al suelo aunque estén al lado de una papelera. Esos últimos, como los conductores temerarios, solo entienden el lenguaje de las multas.
Como en todas las cosas de concienciarse y ser limpio, hay gente que lo usará, hay gente que podrá usarlo, y hay gente que seguirá tirando sus colillas, envoltorios, papeles, etc. al suelo aunque estén al lado de una papelera. Esos últimos, como los conductores temerarios, solo entienden el lenguaje de las multas.