Dicen que la fe mueve montañas y por eso los vecinos de El Paso, y también de otros municipios, no han dudado en levantarse bien temprano para mostrar su cariño y devoción a la Virgen del Pino y acompañarla en la Subida a su casa en el monte, en el último día de las fiestas trienales en su honor. Un ascenso en pendiente lleno de encanto, que transcurre por calles engalanadas y por un paisaje único, con unos vecinos volcados con la Virgen.
Aunque es verdad que la participación de público en el retorno de la Virgen del Pino a su santuario es menor que en la Bajada, lo que no falta es el cariño y la admiración por la venerada imagen que tanto quieren los pasenses.
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